The Underwater Welder - Jeff Lemire



«You guys like The Twilight Zone?»
Así parte la introducción que Damon Lindelof escribió para la edición de este cómic, y de alguna manera con la historia terminada y sabiendo todos los símbolos de los que se vale Lemire para contar una historia (o producir una emoción aun no tengo claro cual de las dos es la que prepondera) creo da el tono a la forma en que el canadiense cuenta su historia, no obstante me estoy adelantando.
Primero lo de siempre: ¿De qué va?
Jack Josheph es un soldador submarino que trabaja para una planta petrolera en la costa de Nueva Escocia, allá abajo, en la soledad del suelo oceánico repara cañerías mientras busca evadirse de dos sucesos que le resultan implacables: la proximidad del nacimiento de su primer hijo y la muerte de su padre alcohólico, quien años atrás desapareciera en el mar durante la víspera de Hallowen. Hecho del cual se desprende una culpabilidad de la que Jack se niega a deshacerse. Ahí bajo el agua será el protagonista de un suceso sobrenatural que cambiará el curso de su vida .




Robando un poco de esa introducción de Lindelof, y de paso, argumentando el porque partir con una comparación directa con la Dimensión Desconocida hay varios paralelismos que son visibles:
Un suceso extraño que cambia a los personajes, sus protagonistas tienden de una u otra forma a estar quebrados o acarrear un sinnúmero de defectos (ser más humanos al final) y por último el más importante: ese tono de fabula donde el final tiene cierto tufillo de aleccionamiento. No obstante ahí es donde Lemire esgrime uno de sus grandes oficios.
Culpa y tristeza
Sus cómics no son paternalistas ni la lección está puesta en primer plano con un gran alto parlante correctivo. La narrativa del canadiense es sutil, tal vez son los dibujos toscos o la composición de las paginas que muchas veces esgrimen poco o casi nada de texto -evocando el silencio del mar y un pueblo fantasma- donde con solo unos ojos asimétricos y unas rayas sueltas se vuelven en todo lo que necesitamos para simpatizar con el mundo interno presentado.

La emocionalidad por otra parte siempre es un recurso que si se integra bien puede potenciar lo contado, sin embargo siempre está transitando en un camino delgado en el que desbandarse significa terminar caricaturizando más que redimensionando.
Lemire acostumbra a usar la emocionalidad mediante la tristeza o la culpa en los seres que escribe, como corazón y motor de la historia. Siempre caminando al filo de lo sensiblero, no obstante no se pasa.
Deja la pagina ausente de texto con primeros planos de los personajes mirando fijamente al vacío para que el lector sea el que termine de llenar todo lo que los carcome.

El futuro y el pasado girando como dos símbolos intrínsecamente conectados mediante una paternidad incipiente; y el sentirse responsable de la perdida del padre. El ser conscientes de todos los defectos que la figura paterna acarrea viviendo en un mundo donde las nociones generales son que los padres son figuras infalibles e inquebrantables hacen de Jack dudar todo el tiempo de convertirse en uno.
En parte el núcleo de The Underwater Welder más que el cruzar a una dimensión fantasma es quizás el proceso de mirar el espejo y notar todas las trizaduras y defectos que pensamos heredar y que intentamos evitar.

Quizás también se hace necesario el caer de lleno en un pueblo al más puro estilo del Comala en Pedro Páramo para reconciliarse con los fantasmas. Con los propios y los heredados.
Las virtudes del canadiense
Para resumir, Jeff Lemire es un gran narrador, aunque me inclino a decir en su lugar, que siempre es consciente del tamaño de las historias que necesita contar. Muchas veces repitiendo símbolos y espacios, no obstante casi nunca pierde el control de lo que tenia pensado , o más bien, de lo que necesitaba exponer.
Sus mundos son ricos aunque con pocos recursos parecen insondables y que pueden albergar todas las palabras del mundo. Historias que no se enamoran de su forma, o del estilo, sino de lo que buscan transmitir. Sea la soledad en el fondo del mar, sea el miedo al futuro, o peor aun, las culpas de días pasados.


Bailarinas - Yasunari Kawabata

La literatura de Kawabata tiene pocos exabruptos, así como cúspides de las cuales poder asirse al momento de realizar una critica escrita de su obra. Sus libros de una u otra forma siempre saben como a una concatenación de señas mínimas que por medio de la sutileza de su existencia hablan sobre grandes temas de Japón.
Y eso de alguna forma siempre me ha servido como brújula al momento de paladear la obra del japonés: son las cosas pequeñas y que aparentemente no cuentan nada -las que al final- permean la sensibilidad de sus personajes.
Son los paisajes que se describen al fondo la mayoría del tiempo los que sirven de tótems para sentir, quizás más que entender, lo que la pluma del japonés intenta provocar.
Es la nieve que siempre cae en uno u otro pasaje de sus libros, los paseos calmos por ciudades, los fantasmas de la posguerra, y como la tristeza parece siempre terminar dirigiendo a hombres y mujeres a continuar son sus vidas de la manera que puedan. ´
Con lo que puedan. Con lo que les quede. Con lo que pierden.
Es la sensación de dar paso a la siguiente generación y empezar una etapa crepuscular como en ‘El maestro de go’, o tal vez la mera conversación interna sobre la estética y el ser como en ‘La casa de las bellas durmientes’ una propuesta que encuentra cierta similitud en ‘País de nieve’ donde claramente el paisaje es igual de importante que el triángulo amoroso del protagonista.
«Un recuerdo lejano filtrado en la música es al mismo tiempo una ilusión cercana.»
Bailarinas va un poco por esa tangente. Es complejo el afirmar que sucedan grandes cosas en un entramado como este, pues de buenas a primeras las decisiones y los cambios que se van germinando en cada personaje mientras van corriendo las hojas no son del todo visibles hasta que de pronto es inevitable el dar la razón a que los cambios, no por silenciosos, no existen.

Bailar en silencio

Kawabata sabe de construcciones paulatinas, como acá, donde vemos como dos bailarinas, madre e hija, persisten como pueden en su dedicación ejerciendo de bailarinas de ballet occidental en un país que parece aun sacudido en la época de la posguerra.
Todo ello mientras Yagi, el marido y artista en decadencia, es quien carga las secuelas de una nación derrotada y que no encuentra muchas pistas desde donde construir un futuro salvo el de volcar esa frustración hacia las dos primeras, generando vínculos tóxicos y sensaciones de pobreza emocional.
«… Cada uno porta su tristeza. Así dice él. Cuando la tristeza pesa, terminamos aceptando las cosas incomprensibles que reconocemos inevitables.»
Namiko (la esposa) es en quien recaen con fuerza la fatiga feroz de ello, siendo de alguna manera quien debe dar los palos de ciego para poder afrontar y generar los cambios que inevitablemente son necesarios en su entorno y vida social más íntima. Y quien, como no podía ser de otra forma, refleja esos dos grandes círculos que terminan encerrando los libros del japonés: la soledad y el erotismo.
Porque si bien Namiko es lo suficientemente autónoma para hacer frente a Yagi (un demonio sin fuerza en palabras de Yukio Mishima) y a su vez lo suficientemente vulnerable para poder refugiarse en un débil Takehara no por ello renuncia a un mundo interno y externo donde toma el control de su propio erotismo.
Originalmente Bailarinas fue publicado en 1955 en el diario Asahi en un formato de entregas. Y sin duda resulta en otra pieza que abulta otro tanto la obra del premio Nobel japonés. Una que sigue definiendo un panteón repleto de historias que nunca escapan del invierno y donde la posibilidad a abrirse a la transformación se tantea todo el tiempo.
«A tus ojos, tu madre es una victima, pero en un matrimonio tan largo, no hay victimas sino un derrumbe de a dos.»
La costumbre de leer sobre cosas increíbles muchas veces termina fatigando la mera sorpresa de leer sobre cosas -que efectivamente- si se parecen al color y ritmo que tienen las vidas normales.
Es común relatar sobre los días increíbles y como estos desvían el rumbo de las historias, Kawabata por otra parte siempre da la idea que narra sobre todos los días, incluso esos aburridos donde los protagonistas yacen tumbados observando la fragilidad de sus vidas y como el tomar cualquier decisión luce como el acto más temerario del mundo.
Así son las historias de él. Un hombre que acabó con su vida a los 72 años pero que pareció vislumbrarla, al menos en sus letras, más como un compendio de hechos importantes provocados por momentos nacidos en instantes nimios que como una historia artificial donde todo es rimbombante. Las historias de Kawabata siempre suenan a realidad.
Y eso tal vez pueda alejar, o tal vez lo contrario. No hay respuestas fáciles para nadie.

The Unwritten

 Los lugares comunes son el sitio favorito a la hora de comentar cosas hoy por hoy. Y es que resulta dificultoso escapar de ellos y su magnetismo que luce tan asertivo la mayoría del tiempo.
Con The unwritten suele suceder eso; y es que por forma y también por la tesis que plantea resulta ineludible el definirla como una historia sobre la importancia de contar historias, y a la vez como estas dan forma al mundo.
Se escucha hasta el hartazgo el juicio que se hace de tal o cual obra por la originalidad del guion (asumiendo que el guion solo involucra la historia y nada más) , lo absurdo que es que te cuenten lo mismo una y otra vez (era solo un viaje de ida y vuelta) o la necesidad casi patológica por encontrar historias que desafíen con un giro final lo que se cuenta.
Esos son todos signos que The Unwritten afronta con su relato.  Símbolos de la desconexión que sienten las personas con las historias y lo fácil que olvidan que esas estructuras han girado cíclicamente en torno a nosotros durante miles de años.
Pero creo me adelanté un poco y debería ir al inicio: ¿De qué va esto?
Mike Carey Peter Gross, trabajaron durante años en Lucifer. Un cómic que daba cuenta de la historia de la ‘Estrella del alba’ posterior a todos los sucesos de ‘The Sandman. Un spin off bastante exitoso que bajo el alero del sello Vértigo tuvo una extensión bastante razonable de 75 números. 
Posterior a ello quisieron volver a trabajar pero no lograron concretar ningún proyecto durante bastante tiempo. Acá es donde aparece la mítica Karen Berger y el editor Pornsak Pichetshote, quienes se la juegan por una idea de cómic bastante meta sobre lo que es el mundo de la literatura y la relación de esta con la humanidad. ¿Y la trama?
“Tommy Taylor es el protagonista de una serie de novelas de fantasía que se ha convertido en un fenómeno cultural. Los fans participan en websites y se reúnen en convenciones para hablar de estas historias mágicas al tiempo que mantienen la esperanza de que Wilson Taylor, su creador, ahora desaparecido, reaparezca y escriba una última aventura.

Pero queda un cabo suelto: el verdadero Tom Taylor, el hijo al que Wilson abandonó. Tom, que ha servido de inspiración para crear el personaje del chico mago, es venerado en todo el mundo como la leyenda literaria hecha carne.

Cuando la vida de Tom empieza a adoptar un inquietante y letal paralelismo con la de Tommy, resulta que se ve atraído a un extraño submundo literario donde el poder de las historias orales es tan fuerte como cualquier hechizo.”
A primera vista la trama hace alusión al arquetipo del niño mago (como Harry Potter, o Los libros de la magia de Gaiman). Siendo esto sumamente intencionado la historia va escalando en ello.
En los arquetipos, en las maneras que tenemos de relacionarnos con las historias o como estas se van repitiendo eternamente a lo largo de los años. El mito de Caín Abel (que acá tiene una preponderancia sumamente interesante) ¿Cuantas historias de hermanos que representan bien y mal hemos tenido la posibilidad de leer, ver, escuchar? ¿Cuántos relatos con el camino del héroe? Bueno The unwritten le rinde homenaje a todo ello. Pero además le agrega valor.
Pues el enemigo al que se está enfrentando el protagonista no es otro que una sociedad secreta que trasciende a los años y que de distintas maneras ha ido manipulando los caminos que toma la humanidad mediante su relación con la literatura. Corrigiendo el rumbo todo el tiempo.
Esto se ve potenciado cuando los autores dedican números unitarios a ejemplificar esto: ya sea recontando la historia de Oscar Wilde, recreando el esquema de las historias noirel mito artúrico, las historias pulp de superhéroes, etc. Pero la referencia más importante está en Moby Dick y la ballena. O lo que representa este inmenso monstruo marino: El leviathan.
El leviathan es una especie de conciencia colectiva de las historias. Como a su vez el registro de la historia del mundo. Un maremágnum de historias que resulta inseparable del relato del mundo como lo conocemos. Y a su vez el encargado de repetir eternamente esto.
¿Qué pasaría si alguien domina esta fuente colectiva? Parafraseando al Shadow King de Legion:  Si todos percibimos el mundo con nuestros sentidos, aquel que consiga dominar la percepción que tenemos de nuestro entorno se convertiría en  un dios. La relación del antagonista y el leviathan es un poco eso. Dominar la percepción colectiva mediante algo que sea permeable e incombustible: las historias. O aludiendo a algo más en boga ¿Les suenan cómo funcionan las fake news?
Ahora si bien, el universo literario es tan amplio como el bagaje del autor, afortunadamente acá es sumamente extenso. El mito de Orfeo, una caracterización de cuentos de animales sumamente divertida (y violenta), la protagonista de Orgullo Prejuicio sometida a paupérrimas condiciones, PinochoSherlock HolmesLa villa Diodati o el mismísimo Frankenstein.
Carey no escatima en referencias, las cuales son sumamente expositivas así que si no se entienden de primera, son encontrables, o googleables.
En cuanto al apartado gráfico, además de Gross quién con sobriedad y funcionalidad da vida al contenido grueso de la historia, todas y cada una de las portadas fueron realizadas por Yuko Shimizu, quien dota de gran elegancia a la hora de componer las mismas. Siendo una especie de Ukiyo-e contemporáneo bastante bonito.
De hecho ella ya había trabajado previamente en otras portadas para Vertigo (Sandman: cazadores de sueños, que tiene cierta relación con la nacionalidad de la artista).
Las historias son importantes. Tal vez el invento más grande que como humanidad hemos creado. Su relevancia y el mismo misticismo que envuelven. Tal vez ya no sea netamente la literatura. Ya no sea el sentarse a la fogata y los relatos orales, pero si están los cines, las series que vemos en nuestro computadores o teles, o celulares o qué se yo. Tal vez por eso resulte tan difícil imaginarse un mundo sin ellas.

Ubik - Philip K. Dick



La ciencia ficción cuando funciona como espejo de temas importantes para la humanidad es cuando muestra un desempeño mucho más valioso como lectura, que cuando se enfoca en sus formas y se autoparodia en mamotretos tendientes al artificio y a la cosmética (cuestiones en que también es rico el género).
La trama de Ubik parte sencilla: ‘Runciter es el dueño de una empresa que se encarga de prestar servicios contra ataques de psíquicos. Un día es requerido junto con su personal a una misión en la luna, donde serán víctimas de un atentado. Hasta ahí todo bien; no obstante desde ese planteamiento inicial derivará una pregunta constante que será en definitiva la que forme a la novela: ¿Está Ruciter muerto o es todo su personal el que murió?
“Las formas primitivas deben de llevar una vida residual, invisible, en cada objeto, meditó Joe. El pasado está latente, sumergido, pero sigue ahí y puede aflorar a la superficie tan pronto desaparezcan, por cualquier desafortunado motivo y contra lo que nos enseña la experiencia diaria, las características del objeto último, más tardío. El hombre no contiene al muchacho, sino a los hombres que lo precedieron. La historia empezó hace mucho.”
Como siempre, Dick arma sus mundos futuros de una forma que parecen haber sido arrasados por el capitalismo. Ya sea estéticamente donde lo artificial homogeniza todo, o bien en el cómo apenas sobreviven sus personajes en ciudades hipercapitalistas donde hasta lo más nimio tiene su precio (abrir la puerta de tu casa o del refrigerador).
Todo tiene un precio.
Incluso la vida después de la muerte.
O su sucedáneo.
Y es que la posibilidad de la vida después de la muerte, deriva en otro tema recurrente como lo es la existencia de un mundo paralelo donde prolongar los días que quedan, o mejor dicho: conseguir racionar el remanente de una vida. Como un amortiguador con fecha límite.
El  temor a morir en Ubik se ve reflejado en empresas que prestan el servicio de congelar los cuerpos de personas próximas a la muerte, no obstante mediante unas maquinarias la actividad cerebral de estas vuelve  a tener actividad cada vez que son requeridos y les permiten comunicarse con ‘los vivos’.
Un bálsamo parcial que les concede a los personajes hablar con ‘personas semidormidas’. Sin embargo PKD lo plantea desde una perspectiva en que se siente el efecto rebote en los solicitantes. Una especie de espejo que los hace miserables (como casi todo protagonista que se valga en la obra del estadounidense) al no poder dejar ir y a sabiendas que cada segundo que consiguen comunicarse con estas personas criogenizadas, es uno menos en la cuenta que les va quedando.
“Estamos atendidos por espectros orgánicos que por medio de palabras y escritos penetran en este medio que es nuevo para nosotros. Son fantasmas reales, atentos y sabios, que viven en el mundo de la auténtica vida, algunos elementos de la cual llegan a nosotros en forma de astillas punzantes pero de impagables efectos, de una sustancia que palpita como un corazón.”

A su vez, la existencia de depredadores en lugares seguros es otro signo importante. No hay remansos para quienes se ven forzados a una extensión artificial. Así como tampoco calma para quienes ejecutan la prorroga arbitrariamente. No hay lugares seguros incluso para quienes pueden pagar por ello. 
Solamente quien crea puede ser salvo. Aunque su fe sea puesta en los efectos de una lata de aerosol. Y al estar los personajes del libro siendo continuamente víctimas del choque de dos fuerzas antagónicas, casi deidades de hecho, en medio de un enigma que se va resolviendo de a poquito. Es esa creencia -por paupérrima que luzca- la única salida que tienen a mano.
El metabolismo es un proceso de combustión, un horno en actividad. Cuando deja de funcionar se acaba la vida. La gente yerra por completo cuando se imagina el infierno: el infierno es un lugar frio; todo lo que hay en él es frio.”
La yuxtaposición de mundos es algo en que se maneja PKD, ya se vio algo similar en la distopia nazi de ‘El hombre en el castillo”, pero acá es mucho más concreta y desarrollada. De hecho, es el eje en el cual se estructura la historia. La intercalación de la narrativa entre dos escenarios (siendo uno el preponderante) y como la información a cuenta gotas cruza de uno a otro para tratar de darle forma a un puzzle que se presenta así mismo con la forma de la pregunta que mencionaba en  el tercer párrafo.
“La puerta se negó a abrirse mientras decía: cinco centavos por favor.”
Y por último, más nunca menos importante, el humor no parece ajeno en la obra. Por terribles que sean los sucesos, siempre hay cabida para alguna situación inverosímil. Y en tiempos donde Black Mirror parece acaparar los pocos escenarios para hacerse preguntas. Este libro con cincuenta años a cuestas parece un buen complemento, sino más bien, un precursor de las obras de este tipo.

Greatest Hits 2018

Lo bacán de lo bacán sin orden alguno (año anterior acá)





Películas (del 2018 y 2017 estrenadas este año)

Isle of dogs (2018)
Hereditary (2018)
Blackkklansman (2018)
Mother! (2017)
Call me by your name (2017)
The shape of water  (2017)
Annihilation (2018)
Blade Runner 2049 (2017)
The Big Sick (2017)
Brawl in the Cellblock 99 (2017)
Ready Player One (2018)
A Quiet Place (2018)
Misión Imposible - Fallout (2018)
A Star Is Born (2018)
Sorry To Bother You (2018)
Roma (2018)
Paddington 2 (2017)
The Ballad of Buster Scruggs (2018)
I, Tonya (2017)
3 Billboards Outside Ebbing Missouri (2017)
The Disaster Artist (2017)
Black Mirror: Bandersnatch (2018)


Películas ( de otro años)

Signs (2002)
Rosemay Baby (1968)
La princesa Mononoke (1997)
Heat (1995)
On The Waterfront (1954)
The Departed (2006)
Trumbo (2015)
The Deeer Hunter (1978)
The Man From UNCLE (2015)
The wild Bunch (1969)
Catch Me If You Can (2002)
Mission Imposible 1 a 5 (1996-2015)
Vertigo (1958)
Paddington (2014)
The Night Of The hunter (1955)
Ocean's Eleven (2001)
Suspiria (1977)
Tekkonkinkreet (2006)


Libros


El adversario - Emmanuel Carrére
Ubik - Philip K. Dick
Cuentos Completos - Manuel Rojas
Pobres Diablos - Cristian Geisse
Planetas Invisibles - Ken Liu
Allegados - Ernesto Garrat
Nancy - Bruno Lloret
Los Propios Dioses - Asimov
Los peligros de fumar en la cama - Mariana Enriquez
Hienas - Eduardo Plaza
Jeidi - Isabel M. Bustos
Rabia - Sergio Bizzio
El empampado Riquelme - Francisco Mouat
El problema de los 3 cuerpos - Cixin Liu
Bogotá 39 - Varios
Un año en los bosques - Sue Hubbel

Cómic

Saga Vol.09 ( :( )
Silver Surfer Vol.04 y 05
Fatale Vol.03 al 05
Paper Girls Vol.01 al 05
Hunter X Hunter Vol.33 al 37
El eternauta
Gideon Falls Vol.01
Low Vol.03
Southern Bastards Vol.04

Series

Westworld Temporada 2
Legion Temporada 2
Atlanta Temporada 1 y 2
Better Call Saul Temporada 1
The sinner Temporada 2
Shingeki No Kyojin Temporada 3 (1ra parte)
Daredevil Temporada 3
American Vandal Temporada 1 y 2
Boku No Hero Temporada 1 a 3
Bojack Horseman Temporada 5
Evil Genius
Wild Wild Country
Trollhunters
Disenchantment Temporada 1
Black Mirror Temporada 4
Love Temporada 3
Mr Robot Temporada 3
Doctor Who Temporada 11 (meh)
One piece (819-866)


Discos

Antisocialites - Alvvays
Lance - Niños del Cerro


Juegos de mesa 

Pandemic Legacy Año uno
Rising Sun
Azul
Scythe
Time Stories


Hechos pulentos

Primer año en el depa, fuimos a Mendoza, Radiohead por 2da vez, me despidieron por fin.

20th century Boys - Naoki Urasawa

Hay cierto denominador común en la niñez, que no deja de tener cierta trampa, y es esa añoranza naif de querer saber en qué nos convertiremos de ‘grandes’.
Ciertas esperanzas en el futuro que jamás vuelven a ser tan auténticas –y optimistas- como lo son en ese entonces. En tiempos donde la nostalgia tiende a desfigurar los recuerdos para deformarlos y maquillarlos, con la idea de ser vendidos lo más rápido posible, historias como ésta refrendan la utilidad de algo tan manoseado hoy por hoy como lo es la memoria. Quien termina obsesionado con su pasado al final acaba trastocando ese concepto; convirtiéndolo en algo tan amorfo como alejado de su forma inicial. Parafraseando a ‘Asterios Polyp’ de Mazzucchelli:
“The more something is recalled, the more the brain has a chance to refine the original experience. Because every memory is a re-creation, not a playback.”
Y es que el fuerte de la historia de este manga radica en una idea tan sencilla como esa. Los sueños de un grupo de niños educados en el Japón de finales de los sesenta e inicios de los setenta, que ve como un juego de la infancia, repercute en sus vidas treinta años después, de la forma más horrorosa y peligrosa posible.
Un juego de héroes contra villanos clásico pero que se termina deformando tanto que ese esquema, inocente al principio, se retuerce en algo inicuo a nivel masivo.

Difícil ser más específico con una trama que recorre casi 50 años de historias y va sumando un catálogo de personajes principales que ronda la docena. Sin embargo el planteamiento inicial sería algo así:
“Kenji Endo maneja un minimarket en Tokyo, donde vive con su mamá y su sobrina bebé (que su hermana dejó a su cargo antes de desaparecer). Un día Kenji asiste al funeral de un antiguo amigo de la infancia y al juntarse con sus ex-compañeros de colegio termina relacionando esta muerte con varios asesinatos parecidos en los cuales siempre aparece un extraño símbolo, el mismo que él y sus amigos crearon cuando eran chicos como parte de un juego.”
Ese es el detonante y de ahí en más, la historia solamente va creciendo y extendiendo sus ramas. Abarcando muchas temáticas, siempre bajo el formato de thriller y una necesidad casi patológica por parte de Urasawa de recurrir a los giros de guión.
Giros que salen relativamente bien, pero que a ratos se hacen algo pesados. No obstante se entiende bajo la estructura capitulada que se le exige a este tipo de obra.
Es justo mencionar, eso si, que pasado el ecuador de la serie las resoluciones se vuelven un poco sosas y la presentación de misterios ya no sorprende tanto, aunque su primera mitad está bien calibrada y compensa todo lo demás.
Naoki Urasawa tiende a caer en esos vicios pero jamás deja que hundan el resultado global.

Y es que más que por la estructura, la riqueza del manga radica en sus temáticas: no teme volcarse en una especie de ‘1984’ revestido de ciencia ficción cuando lo amerita, o valerse de la conversión en figuras mesiánicas de los villanos de turno con tal de hacer casi imposible su caída.
Juega con muchos tópicos que por momentos parecen salirse de control, pero de una u otra forma Urasawa le da la vuelta justa para que no sea tan forzado.
Con costuras notorias pero amarradas con la suficiente cohesión para que no se desperdiguen.

El cambio de siglo

La paranoia por el inicio del año 2000 está tremendamente bien retratada. Ya no solo porque fija el punto más alto de la historia, si no que permea esa sensación de volubilidad que había por entonces.
¿El fin del mundo? ¿Invasiones? Parecen todas proyecciones de lo que al final la humanidad termina haciéndose a si misma. Buscando respuestas afuera, ojalá en símbolos gigantescos, para evitar hacerse preguntas hacia adentro.
De ahí que varios personajes tengan ese rollo con la identidad. Personas invisibles que extrapolan toda esa inseguridad en acciones -que por lo general- terminan muy mal. Esa exteriorización que convierte los sueños en un remedo pálido y desabrido nunca está tan bien graficada como cuando Kenji ve ese robot gigante en Año Nuevo.

El hombre de a pie

Quienes enfrentan al mal en ‘20th Century Boys’ no son prodigios, no son famosos ni mucho menos unos adonis. Son cuarentones frustrados, divorciados con trabajos apenas satisfactorios que se ven arrastrados a una situación que los sobrepasa, pero que entienden –disculpen el lugar común- que quienes evitan enfrentarse a quien está haciendo algo incorrecto son, como mínimo, cómplices del mismo.
Un enfrentamiento que cobra un valor tremendo, tomando en cuenta que el enemigo es un grupo organizado con evidentes ramificaciones en puestos de poder y al cual la ciudadanía parece no poder asociar con algo malvado.
Una definición al calco de como grupos de odio van permeando en las sociedades de forma silenciosa ganando adeptos mientras quienes deberían pararlos hacen la vista gorda.

Kenji Endo, representa a esa persona común que tiene que trabajar con su sobrina –literalmente- en su espalda para sobrevivir, pero que no evita sus responsabilidades.
Y es que le suma valor que quienes se suben a ese barco, no tienen la victoria asegurada, de hecho, 20th Century Boys se encarga demasiadas veces de mostrar al mundo como un lugar donde la corrupción esta tan adentrada, que las personas ‘buenas’ son devoradas (o aplastadas) por el poder.

El poder la música

Desde el titulo del manga que viene de la canción de T-Rex, la música tiene un papel primordial en toda la historia. Es el poder que tiene una canción el motor que mueve el enfrentamiento final sin ir más lejos. Y es que desde las primeras viñetas ya se habla de la preponderancia de la misma, con Kenji poniendo música a todo chancho en su colegio para posteriormente quedarse con la sensación que nada había cambiado en sus compañeros después de eso, ignorando que muchas veces la incidencia de la misma, parte desde dentro y posteriormente va concatenando cambios sucesivos en los demás.

El valor del arte, en forma de música en esta pasada, es el único capaz de hacer frente a poderes tan amplios que abaten sin chistar a las personas corrientes (según esta visión de Naoki Urasawa). Un tótem lo suficientemente firme del que aferrarse para sobrellevar los días oscuros, como lo son los que les toca enfrentar a ese tropel de agentes de aduanas, vendedores de fideos y oficinistas, etc.
Una obra igual o mejor que Monster (el otro manga más famoso de Urasawa) y que con sus 249 capítulos, o 22 tomos si prefieren, no deberían ser dejada de lado bajo ningún punto.