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Radiohead: Los soñadores nunca aprenden


Festival SUE: Radiohead + Flying Lotus + Follakzoid
Miércoles 11 de abril, Estadio Nacional
Produce: DG Medios
La primera frase de ‘Daydreaming’ comienza con algo así. Con esa especie de mensaje críptico, como entre lo onírico y un sacudón más sarcástico. Nueve años es demasiado tiempo. Al menos el suficiente para que la banda de Oxford sacara dos discos y recorriese el mundo otras cuantas. Que el efecto del ‘pay what you want’ de “In Rainbows” dejase de ser una novedad o que –también hay que dejar de ser condescendiente en algunos puntos- el grupo dejase de innovar hacia afuera para indagar hacia dentro. Armar trabajos que parecen más una reformulación de si mismos, con tendencias menos concretas y mucho más difusas.
Muchas variables, es cierto, pero dentro de todo ese vendaval también es cierto que se pueden encontrar muchas constantes. Y de todas ellas la apuesta en vivo es la que ha de ser la más prolija. Prolija, palabra siútica, pero no encuentro ninguna que le haga justicia al armatoste que es capaz de poner en marcha Yorke, los hermanos Greenwood, O’Brien, Selway (más algunos músicos extra) en el escenario.
Desde los colores, las luces, todo parecen esquirlas de un plan mayor. O una puesta en escena que sirve de puente entre un público que ya viene con una idea de lo que puede pasar, más como se interpreta de la misma letra de ‘Nude’: no necesariamente porque sepamos lo que encontraremos, lo podremos llegar a tener.
En líneas generales los setlist de Radiohead tienden a ser caóticos. Ya sea por la extensión de su discografía, porque no gustan de repetirse, etc. Tienden a darle prioridad al disco que promocionan (“A Shaped Pool”, en este caso) más no olvidando el grueso de su catálogo. Sin embargo, esto último tiende a ser más moderado, midiendo la cantidad de hits que entregan en cada pasada.
Ayer no fue el caso.
Ayer pasaron como si nada ‘Fake Plastic Trees’, ‘Let Down’, ‘Karma Police’,’Exit Music (For a film)’, ‘Paranoid Android’, ‘Street Spirit (Fade Out)’ o la poderosa ‘The Bends’. Sin escatimar. En total 26 temas en casi dos horas y media de show. Ni el cielo amenazante de un otoño que se niega a comenzar, ni una lluvia que jamás llegó, sorprendieron más que esta dadivosidad. Sorpresas, pero de las buenas.
Remarcables también resultan esos guiños a “Hail to the Thief” e “In Rainbows” añadiendo varias de sus composiciones en el concierto: la mutante ‘Myxomatosis’ y ‘Where I End And You Begin’, la cristalina y rítmica ‘Weird Fishes/ Arpeggi’, la incendiaria ‘2 + 2= 5’ cuya letra sigue estando tristemente vigente, la catártica ‘Bodysnatchers’ o bien la introspección de ‘All I Need’ (con un divertido comienzo). Una presencia que solo contribuyó a una pega que parece hecha de antemano pero que necesita ser ejecutada. Y esa parte, Radiohead la hizo particularmente bien.
Postales para el futuro: la risa maquiavélica de Yorke, un O’Brien sonriendo constantemente o Jonny Greenwood tocando en su propia dimensión. Como todos los genios hacen, a veces olvidamos que hace menos de dos meses estuvo nominado a un Oscar por la tremenda banda sonora de “Phantom Thread” (ese es su espectro, uno demasiado amplio para siquiera conmensurarlo). Pero por sobre todo la cara de un público que tal vez como nunca se vio metido dentro de esa frase insigne de ‘Street Spirit (Fade Out)’: “Inmerse your soul in Love” .
Ayer hubo mucho de eso. O al menos lo suficiente como para esperar otros 9 años. O los que sean necesarios.

Lollapalooza Chile 2017: Un fuerte remezón



Lollapalooza Chile 2017 – 01 y 02 de Abril, Parque O’Higgins

El festival que una vez al año desembarca en el Parque O’higgins acaba de dar por finalizada su séptima versión y –como acostumbra- deja tras de sí un sinnúmero de postales, propuestas artísticas y comerciales, así como todo un picadillo que se desprende en su periferia y que no tiene mucha relación con la música propiamente tal. Y si bien se entiende que tras siete años cueste sorprender, hasta ahora lo que parecía una constante en el nivel del evento parece haberse tornado bruscamente en una variable, y no hablamos de un factor menor. Hablamos de su equilibrio.

Equilibrar una parrilla interesante, los horarios de presentación, así como la diversidad de cada día ha de ser una tarea ardua, y queda la sensación que este año eso se desbandó un poco. Espacios que otrora eran para recorrer y conocer bandas nuevas o mirar un grupo que gustase en la línea media, se volvió una misión casi fallida por parte de los asistentes. No es cosa de sonar tan categórico tampoco; la experiencia en si sigue siendo gratificante, no obstante en retrospectiva parece que visitamos una versión mucho más deslavada.

Inversamente proporcional a ello, la cantidad de asistentes parece haber roto varios records este año, siendo el día sábado el más concurrido con una asistencia que innegablemente venía a ver a Metallica y hacía difícil el tránsito por el parque. Generando una convivencia entre estilos que sin más es donde radica lo bonito del festival: poleras negras viendo algo tan radicalmente opuesto a sus gustos como Bomba Estéreo, o padres con coches quedándose un rato más en el pasto para escuchar los acordes del ‘Éxtasis del Oro” de Ennio Morricone que sirvieron de previa al show de la banda de Los Angeles. Son momentos atesorables y tal vez los que terminan resignificando la música. Sin embargo eso mismo deja abiertas varias preguntas: 

¿La propuesta del festival es proporcional a esta entrega? ¿No resultan cada vez más mezquinos los momentos épicos que el festival nos está entregando?

Hay varias cosas que se deberían revisar en adelante. Y es que más allá de la preponderancia que ha tomado la oferta electrónica del festival, y que aparentemente independiente de uno que otro headliner, es el mayor generador de convocatoria. El énfasis en ese punto parece no haberse traspasado al resto del cartel.

Recintos como el ‘Movistar Arena’ que albergan una fiesta interminable y parecen un mundo paralelo dentro del contexto del festival, cada vez se van quedando más pequeños para la asiduidad que tienen, y si bien funcionan perfecto como ambiente para toda la gente bailando bajo luces neonicas e intermitentes, el exceso de asistentes del que se vio victima este año (en ambos días y con la presencia de muchos niños) pueden resultar en un buen planteamiento para la próxima versión y trasladar uno de los polos más populares de Lollapalooza a un sector más abierto. Y es que la necesidad de expandirse por el parque ya no suena tan descabellada.

En cuanto a los headliners estos son decisivos a la hora de juzgar el éxito u fracaso de una instancia como esta. Metallica es consabido que goza de una popularidad como pocos en este país, y es que el género en particular tiene muchos asiduos, por visitar ejemplos recientes es cosa de mirar los números de Black Sabbath o Iron Maiden. Una aritmética ante la cual es difícil competir. The Weeknd por otro lado, juega en una liga absolutamente distinta, remitiéndose a sonoridades más actuales y elucubrando un show donde el protagonista está muy demarcado, haciendo gala de un control que no deja vislumbrar por ningún resquicio su trayectoria más acotada.

En ese sentido Duran Duran es quien tenía la tarea más particular por delante. Teniendo que hacer uso de un legado abundante en hits, pero a la vez con una interpretación que no dejará dudas respecto a su salud actual. Y les funcionó, con tal vez, el mejor show del día domingo.

En cuanto a grupos de este milenio The Strokes suponía la nota de incertidumbre con el errático precedente de su vocalista mientras que The xx eran los encargados de poner la cuota de sofisticación y precisión milimétrica en su ejecución.


Y es que aun cuando todos triunfaron de uno u otro modo. Al mirar más abajo, son pocos los momentos que se pueden catalogar como más allá de buenos. Casi no los hay malos, más apenas rozan lo idóneo, ya ni hablar de ser descollantes y es que tal vez nos malacostumbramos a un fervor excesivo con una propuesta que vio su pick muy tempranamente (2013/2014) y que poco a poco ha ido decayendo, tan sutilmente, que recién estamos sintiendo como la cuesta abajo es un poco más pronunciada cada año. Pero que este 2017 no se puede evitar sentir como un fuerte remezón.

Lollapalooza Chile 2017: Reseñas Individuales



Alex Anwandter

Tres de la tarde, el sol y calor que estuvieron ausentes el día anterior aparece con fuerza mientras el Ex Teleradio Donoso saca a relucir toda la experiencia en una performance que se ha vuelto una obligada de los proscenios locales, y que no tiene nada que envidiar a bandas extranjeras que se presentaron en los otros escenarios principales.

De hecho esa fue una de las frases que se encargó de reproducir Anwandter en su presentación: dejar de lado el resquemor a los artistas chilenos durante el resto del año y no solo apoyarlos en estas instancias. Sin caer en chovinismos baratos y a la vez revindicando una dignidad que se ve menoscabada por una percepción algo errada de una escena que ha crecido una enormidad.

En cuanto a lo musical el setlist que empleó se constituyó mayoritariamente por temas de ‘Amiga (2016)’ , ‘Odisea (2010)’ y los infaltables hits de ‘Bailar y Llorar (2008)’ de Teleradio Donoso.

Como frontman Anwandter es una presencia magnética y que más allá de poseer un respaldo con canciones de eficacia probada es el desplante y el show cinético del mismo el que le da una vuelta a lo que quiere plantear, sumando mucho a su propuesta que cruza lo artístico para plantearse de lleno en un plano completísimo.

El apartado técnico de las canciones tampoco es irrelevante, sumando bronces en ‘Éramos todos felices’ o la ejecución que invita continuamente a la fiesta de ‘¿Cómo puedes vivir contigo mismo?’ son hitos ineludibles y que obviamente invitan a bailar, a seguir con las palmas, incluso sobreponiéndose a un calor que no ayuda en nada. 

Con todo ello y un poco parafraseándolo; ojalá lo volvamos a ver antes de seis años más, porque el espectáculo que brinda lo vale. Y tal vez su ubicación en esta pasada debió estar mucho más arriba.

Bomba Estéreo

Lo de la banda colombiana es una mezcla de factores demasiado estimulante, entrelazando ese pulso continuo de lo latino con una sensación de electromagnetismo que les funcionó a cabalidad durante su hora asignada, y que insufla de ritmo esa argamasa sonora que cruza lo más sudamericano con lo futurista y maquinal.

‘Soló Tú’, ’Caderas’ y ‘Caribbean Power’ fueron la tríada con que abrieron y que daban pie para que la vocalista Li Saumet sacará a relucir su carisma frente al público, y si bien a veces se notaba el sobre uso de ciertas frases manoseadas hasta el cansancio por distintas bandas para poder conectar con el público (un recurso innecesario en su caso pues, esa labor ya la había conseguido con su interpretación) en líneas generales se sentía muy conectada con lo que estaba tocando, como al mismo tiempo para interpelar a una audiencia que estaba dispuesta a menearse.

La entrada de bailarinas y niñas en ‘Soy Yo’ acentuó esta tendencia y encontró otro punto alto en la bonita ‘Somos Dos’. La labor de Julián Salazar es otro de los activos del grupo que no se debiese obviar, consiguiendo redimensionar la música del grupo. Tocando de forma muy intuitiva y limpia (sobretodo en ‘Pájaros’).

De todas formas, y como no podía ser de otra forma, el cierre a cargo de ‘Fuego’, tema central de una reciente telenovela nacional, y agregando –además-un dragón en el escenario fue la forma más idónea de retirarse mientras las sirenas y la candencia se iban esparciendo por todas las personas que entre los árboles y el pasto circundantes decidieron formar parte de una fiesta que evidentemente no se escuda tras lo bailable para estancarse, si no que propone continuamente y cruza varios limites en cuanto a estética se refiere .

 Two Door Cinema Club

La relación de la banda con este festival no es de carácter reciente y de hecho, en la versión del 2013 tuvimos la oportunidad de verlos en el mismo escenario con un horario de mucho menor importancia, más desprendiendo una energía desbordante  y sonando como una gran sorpresa dentro de lo que fue un cartel poderosísimo (para los entusiastas esa actuación aún se puede encontrar en youtube).

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y varias cosas han cambiado. No solo el largo del pelo del vocalista Alex Trimble y un receso post gira de su disco Beacon (2012) es lo que acarreaban para este nuevo encuentro. Pues si bien la resonancia de su regreso con ‘Gameshow (2016)’ fue -siendo generoso- discreta y su creación a distancia (debido a los tratamientos que estaban recibiendo algunos de los miembros del grupo) no marcaban un buen precedente.

En esta pasada se las arreglaron para dar un show justo, sin grandes aspavientos y con uno que otro momento brillante, que amparándose en canciones previas consiguió sobrellevar una tarde-noche que es la instancia más agradable para oír música.

Y es que eso de poder sostenerse sobre un repertorio solido es lo que hace que la valoración de un show como éste resulte dificultoso. Los momentos altos residen en su mayoría en canciones de ‘Tourist History (2010)’ un disco que ya posee siete años a cuestas y que con tracks como ‘I can talk’, What you know’, ‘Undercover Martyn’ o ‘Something good can work’ tocan la fibra del público de forma directa, creando situaciones que para un festival son idóneas.

No obstante esos mismos picos de brillantez, se diluyen en la interpretación de canciones más recientes. Creando unos valles anímicos que opacan el total. Confundiendo con voladeros de luces, que por disfrutables que sean, no consiguen ocultar un enorme bajón subyacente tras una buena fachada.

Borgore

Lollapalooza alberga muchos microcosmos durante su extensión. Algunos como Kidzapalooza están destinados a la inclusión, otros como el teatro La Cúpula se destina mayoritariamente a los recitales nacionales. Sin embargo el que tal vez acapara mayor atención e importancia es todo ese universo paralelo que se lleva a cabo en el Movistar Arena y que tiene como principal característica su orientación a la música electrónica.

Con un público que incluye muchas cabelleras rubias y bastantes menores de edad, es una asistencia que no tiene muchos problemas a la hora de formar parte de una atmosfera sudorosa, luces estrambóticas y desenfreno. Que son por lejos la mezcla prevaleciente en el reducto.

En particular el caso del DJ israelí es una propuesta sumamente sucia y que sonoramente se inclina hacia lo más tosco, presentando imágenes provocativas y de –derechamente-  muchos potos, no busca engañar  con falsos intereses intelectuales y la audiencia no es que pida una vuelta de tuerca más sofisticada tampoco. De hecho es cosa de mirar en cualquier parte del recinto y encontraremos a jóvenes bailando cual Ian Curtis con movimientos cortos y geométricos. Y es que no hay más.

Y es en ese bucle que este tipo de música parece rondar eternamente, entre la complacencia de sus escuchas, como en una propuesta insípida cuanto menos.

Lucybell

El caso de Lucybell es una de esas situaciones que lamentablemente son tristes de escribir.
Teniendo músicos de nivel más que descollante como José Miguel Foncea en batería, parece estar en un limbo discograficamente hablando desde la edición de su disco ‘Lumina (2004)’ y –tal vez- ‘Comiendo Fuego (2006)’. Y el apartado ‘en vivo’ no es mucho más alentador, ya que el estado actual de  sus temas está produciendo versiones que si bien buscan sonar sofisticadas, en ese tránsito es donde pierden demasiada sangre y parecen más un remedo del legado que tiene una banda del trayecto de Lucybell.

Es impensable que escuchar una canción del calibre de ‘Luces No Bélicas’ no produzca más que aburrimiento, y es lo que sucedió el sábado pasado, a su vez que la ausencia de bronces la empobrece en demasía. Sumemos además ese pecado técnico que fue como sonó el bajo en toda la presentación, saturando muchas canciones y de paso estorbando a los demás instrumentos.

‘Sembrando en el mar’, ‘Caballos de histeria’, ’Tu sangre’, ‘Solo crees por primera vez’, ’Sálvame la vida’, ’Cuando respiro en tu boca’, ’Carnaval’, ‘Viajar’. Todos temas de una dimensión gigante y sonaron de la forma más insípida posible.

Tal vez llega un punto de quiebre cuando los propios músicos se saturan de su propio legado y el ajuste de la maquinaria sonora empieza a chirriar, no obstante, lo que mostró la banda el sábado pasado más que desajuste, se asemeja a una desidia enquistada en el núcleo de una banda. Lo que es triste siendo lo que fueron.

Duran Duran

El recorrido es algo que no se puede disimular, y aunque parezca que tenga una connotación negativa, en el caso de Duran Duran solo sirve para tirar flores a una de las performances más sólidas del festival, si no, la más pulcra por lejos.

¿Cómo sonar actual sin caer en la caricatura de si mismos? Parece haber sido el leitmotiv bajo el cual se armó y ejecutó la actuación de Simon Le Bon y compañía el domingo en la tarde, lo que ahora en retrospectiva, nos suena de una lógica incontestable.

El volumen es una de esas variables que son dificultosas de manejar, tanto por si se pierde fuerza, como cuando por el contrario se sale de control y termina socavando el protagonismo de cada pieza. Duran Duran equilibró estos puntos, con un fuerte volumen pero al mismo tiempo dándole la justa medida de lucimiento a cada segmento de su orquestación, que dicho sea de paso está gigante en cada parte: John Taylor y Nick Rhodes son unos pequeños dioses en sus roles respectivos.

Y es que el principal mérito de la banda fue entregarse lo justo sin caer en remedar su postura; digamos hacen uso de efectos prácticos con fuegos artificiales en las pantallas, pelotas gigantes hacia el público o ese homenaje a David Bowie que enlazaba ‘Planet Earth’ con la maravillosa ‘Space Oddity’, y podría haber sido un exceso, pero se queda ahí, como un toque pintoresco porque la solidez del repertorio es más fuerte. Revisitándolo y ajustándolo a nuestros días sin profanarlo en el proceso.

‘Come Undone’ ya me suena inseparable sin el aporte que hacen las poderosas coristas del grupo, que desbordaban carisma y que brillaron por méritos propios. No repararon en hits a la hora de armar su setlist tampoco: ‘Ordinary World’,’Girls on a film’, ‘Rio’ , ‘The wild boys’ , ‘Save a prayer’ o ‘Hungry like a wolf’.

 Lo que podría haber sido un estertor de viejas glorias fue un charchazo para cualquier banda que lleve menos de 10 años tocando y no le alcance para esa potencia en vivo.


En cuanto al público fue uno de mayor edad el que a esa hora disfrutó de las canciones de los ingleses, pero es confortable pensar que entre tanto millenial esperando a The Strokes o Th Weeknd más de alguno haya sucumbido a la arrolladora propuesta de un grupo que sabe cómo manejarse a si mismo sin perderse en el proceso. Porque perder el norte es fácil – sobretodo cuando de la nada aparecen alpacas y monos gigantes entre el público- sin embargo la prolijidad de Duran Duran en su presentación es una de esas  para atesorar en el futuro.

New Order : El llamado de la sirena

Fotos: Carlos Müller
Fotos: Carlos Müller


New Order, Music Complete Tour
Domingo 4 de diciembre, Teatro Caupolicán
Lotus Producciones

Lo de New Order anoche parece no deberse, ni responder, a una eventualidad o a alguna singularidad. Sus canciones no anidan su efectividad en ello, sino que se han ido permeando por una cantidad razonable de años en su público; sirviendo de OST tras cientos de fiestas o en la soledad misma de quien baile en su pieza, en las calles vacías o en alguna pista de baile de tendencia al neón. Es por ello que no sorprende que un repleto Teatro Caupolicán contrario al ánimo de resaca dominical habitual, no sólo llenara el recinto de San Diego, sino que además respondió proporcionalmente a la entrega de una banda de bagaje incombustible.
Todo parte con ‘Singularity’, un tema extraído de su último disco “Music Complete”(2015), mientras por las pantallas una serie de visuales que complementaran la performance de forma mucho más que adecuada toda la noche, muestran secuencias de clavadistas. Es el punto de partida. No hay vuelta atrás.
Le siguen ‘Ceremony’‘Academic’ y ‘Crystal’. Con eso basta, una triada sólida que echa mano a lo reciente y a tracks clásicos. La multitud hace lo suyo: bailar. Bailar como esquizofrénicos en su metro cuadrado, ya sea mirando el suelo o alzando las manos mientras las luces dejan entrever una que otra polera del “Unknown Pleasure” de Joy Division que ya parece un uniforme institucionalizado.
Bernard Sumner parece ignorar los 60 años que lleva a cuestas, gozando de una manifiesta vitalidad en su interpretación. Cinéticamente muestra una inquietud moderada, no obstante conseguir alcanzar las cotas que exigen la mayoría de sus canciones es una labor exigente, siendo un valla que salta cómodamente. Lo litúrgico de ‘Your Silent Face’, alto tema de “Power, Corruption & Lies” (1983), es prueba de ello. Profundidad y solemnidad.
‘Tutti Frutti’ viene a confirmar algo que siempre es motivo de cuestionamientos en giras de este tipo: el material a promocionar. “Music Complete” pasa la prueba con varias canciones de estatura que pueden pararse de frente con el material más popular del grupo. En particular en este tema la redimensión que le da la ejecución en vivo consigue amplificar aún más la cadencia que ya se asomaba en su versión de estudio. Además cimienta el camino para una seguidilla de tracks que parecen no dar tregua a los asistentes.
¿Se puede esperar que ‘Bizarre Love Triangle’ no reviente la cancha? Difícil. O que tocar ‘The Perfect Kiss’‘True Faith’‘Blue Monday’ y ‘Temptation’ seguidos no provoque otra cosa que exprimir a los bailarines más avezados de entre el público. Más que una apuesta sobre seguro es la confirmación del poderío y consistencia de un cancionero que se niega a perecer por el tiempo ya que se alimenta de la vida misma que le brinda la juerga y la animosidad cadenciosa. Un uróboros de neón.
Esta es la tercera vez que New Order se presenta en el país, no obstante, el añadido especial de esta ocasión es que en unos días más tendremos a Peter Hook en el mismo recinto. Parte íntegra de Joy División y de los mismos New Order hasta hace unos años , junto a Bernard Summer y Stephen Morris configuran los resabios de un grupo icónico que de alguna manera formó un correlato con sus oyentes. Una ambivalencia entre la euforia del baile y el ensimismamiento de su espectro más grisáceo. Es por ello que la alusión a una figura tan imperante como la de Ian Curtis es necesariamente visitada para que no se transforme en un elephant in the room. ‘Decades’ y ‘Love Will Tear Us Apart’ se encargan de ello. Parecen la ofrenda necesaria. Un gesto que se agradece. El tributo está rendido.
No hay más que agregar. Siempre habrá peros. Ciertos coros de voces femeninos grabados tal vez, pero eso sería caer en lo majadero. La sordera, la gratitud y todo el movimiento invocado la noche anterior es de difícil parangón. Una ceremonia necesaria. Una ceremonia singular.

Festival Fauna Primavera 2016: Where The Lights Get In


Sabado 12 de Noviembre, Espacio Centenario


Son cerca de las ocho de la tarde y el arrebol tiñe los rostros de Bobby Gillespie y Kurt Vile que tocan juntos ‘Damaged’ de Primal Scream en el escenario ‘Adidas Originals Stage’. Una postal maravillosa de describir ( y de oír, ver y sentir). Y es que si bien esta sexta versión del festival no se quedó corta a la hora de momentos de esta índole, más el backup prestado de versiones anteriores que asegura cierto nivel de calidad. La elección de un nuevo terreno donde llevarlo a cabo, más un line up acorde al espíritu del festival, pero que tal vez careció de un cabeza de cartel más poderoso, entra a mover la variables del total consiguiendo un resultado satisfactorio pero que deja la sensación que pudo ser más.

Partamos por el terreno y acceso. Evidentemente Espacio Centenario es mucho más accesible que Espacio Broadway, aun cuando tampoco se ubique en un lugar céntrico que evite una peregrinación relativamente larga, el flujo de locomoción publica lo hace un sitio mucho más viable. En cuanto a extensión es un lugar muy amplio y de un suelo polvoriento y algo pedregoso. No habían muchos árboles ante lo cual se instalaron varios sitios con quitasoles o lugares sombreados donde sentarse para amortiguar un día soleado que se vió -afortunadamente- menguado por la aparición de nubes que bajaron la sensación térmica. Otro punto sumamente rescatable es la posición de los escenarios principales, que al estar armados en una depresión permitían una vista, y escucha, de ambos sumamente buena desde casi cualquier punto del festival. Se extrañó, eso sí, sitios donde conseguir botar basura.

“Bailar en los polos”

En cuanto a lo nacional los escenarios principales tuvieron a dos representantes de nuestro país: Camila Moreno y Adelaida. Siendo la banda de Valparaíso los primeros en tocar a eso de las 12:50 de la tarde cuando aún no había mucha concurrencia, pero que a base de una ejecución potente, unas visuales estéticamente atractivas y canciones como su nuevo corte ‘1999’ que no pueden dejar indiferente fue que consiguieron atraer la atención del público en el corto trecho que se les asignó. En cuanto a Camila Moreno es alguien que ya se maneja en el formato de festival, así como tiene preparado un show que se adecua a instancias de este tipo. ‘Libres y Estúpidos’, ’Tu Mamá Te Mató’ e ‘Incendié’ suenan poderosas en vivo pero dejan espacio para otra clase de momentos más calmos como con la canción: ‘Te quise’. ‘Mala Madre (2015)’ ha rendido buenos frutos en la carrera de Camila y, como se viene viendo hasta la fecha, ha conseguido cimentar y nutrir mucho su show en vivo que cada vez es un poco más grande y flexible, aun con la aparición de ciertos problemas técnicos, que se repetirían con otros grupos del festival.

‘Give me all your money and i’ll make some origami , honey’

Una característica que no se le puede negar a Fauna Primavera es que están sumamente pendientes de los sonidos que emergen año a año, y por lo general, consiguen traer bandas o artistas con discos que están causando cierto ruido. Courtney Barnett y Kurt Vile son claros ejemplos de ello. ’Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (2015)’ y ‘B´live I’m goin down (2015)´ estuvieron dentro de lo mejor del año pasado y en esta pasada sus creadores tampoco quedaron cortos con sus shows.
Kurt Vile es un tipo de posturas plagadas de tics, que se acrecientan cuando toca, una pose desgarbada y una melena que cubre casi por competo su rostro dejando la mayoría del tiempo a la vista solo sus manos mientras va ejecutando su repertorio. Y es que el oriundo de Philadelphia pareciese tener un alma vieja, de esas que no se mueve demasiado, no interactúan en demasía con su público pero lo deja todo tocando.

Cuando toma su banjo en ‘I´m Outlow’ o la guitarra electro acústica en ‘Baby Arms’ y ‘Wakin On a Pretty Day’ marca el vaivén pendular de si mismo más el de su banda de acompañamiento, The Violators, una asociación fructífera que retrotrae a lo hecho por sociedades clásicas como Neil Young con la Crazy Horse. El cambio constante de guitarras no obstruye la mantención del espíritu que gobierna la presentación: esa sensación de aletargo eléctrico que solo se vio interrumpida en una mucho más desbocada interpretación de ‘Freak Train’. Un show implosivo. Sin catarsis. Aun con interpretaciones redondas como ‘Jesus Fever’ o ‘ KV Crimes’ la aspereza sonora fue la que reinó.
Por el otro lado está Courtney Barnett la muchacha australiana que converge su música desde una óptica que tiende hacia la detonación. Deja de sonar ‘So Long Marianne’ de Leonard Cohen en los parlantes y sube la compositora adornada simplemente con una polera blanca y una sonrisa constante que es su primer escarceo con el público chileno.

Sin embargo serán ‘Small Poppies’, ‘Dead Fox’, ‘Elevator Operator’ ´Depreston’ o ‘Avant Gardener’ que sonaron áspera y enérgicamente (como debían sonar) las que la hicieron conquistar su escenario, cubrir expectativas y rebasarlas de hecho. Un acto que se sintió consumado con ‘Pedestrian At Best’ la que terminó catapultando el show como uno de los mejores de la jornada. Todos coreando. Ella apenas alcanzando a pronunciar cada frase de su canción mientras la guitarra no paraba de sonar con la tosquedad requerida. Un instante para la posteridad.

“Oú va Le Monde”

La dosis de baile y sicodelia parece un ingrediente que no debiese estar ausente en este festival. Prueba de ello es el paso de Tame Impala o Bomba Stereo entre otros en ocasiones anteriores. Para esta versión 2016 ‘La Femme’ pondría la cuota de baile entre movimientos y vestuarios estrafalarios más un coctel de pop de ineludible eficacia. Cosa de haber visto al publico moverse como locos durante la pegajosa ‘Ou va Le Monde’ siendo las una de la tarde con un sol que no perdonaba. Con respecto a la sicodelia esta llegó junto a ‘The Brian Jonestown Massacre’ quienes con una ejecución prolija se hacen un hueco entre lo destacado de la jornada. ‘Who’, ‘Anemona’ y sobretodo ‘Vad Hände Med Dem ? hablan de ello.

Primal Scream: Rocks

Air y Primal Scream eran los headliners para este año. Un peso que dejaba al primero con cierta responsabilidad sobre sus hombros para cerrar la jornada de día del mismo y que cumplió de forma bastante alta el cometido. ‘Cherry Blossom Girl’, ‘Venus’, ‘Alpha Beta Gaga’ entre otros consiguieron, me atrevería a decir, sorprender y enganchar a un público muy dispuesto a dejarse llevar.
No obstante quién sobresalió en su labor fue Primal Scream con un set de quince canciones y un espíritu incombustible lo dejó todo en el escenario, así como la cancha que no paró de bailar en ningún momento. ‘Where The Lights Gets In’ seguido por ‘Jailbird’ y ‘Accelerator’ sembraban e incitaban al baile guiados por un Bobby Gillespie que parece no saber de agotamiento.

Provocar un pogo con ‘Swastika Eyes’ es un hito que rara vez se ve en este festival, bueno, Primal Scream lo logró y no conforme con ello le siguió con ‘Loaded’ del ya clásico ‘Screamadelica (1991)’, la rítmica ‘Country Girl’ más el hit por antonomasia del grupo: ‘Rocks’

‘Come Together’ , como viene siendo la tónica, cerró una actuación que incluyó hasta gente subiendo al escenario y siendo despachada por seguridad. Aun cuando no nos hayan mandado a matar hippies en esta ocasión todo terminó de la mejor manera:

Todos coreando, todos felices tras el mejor recital de toda la jornada.


Más allá de un público que muchas veces pareciese ir por otros motivos a un Festival de música, la relevancia que tiende  a tener como va o no vestida la gente o que no se podía obviar lo dispar del terreno donde se ubicaron me parece esconde signos que debiesen ser revisados con mayor ahínco. Una menor concurrencia pese a que los números elegidos si estuvieron sólidos dentro de su área, y que tal vez la carencia de un gancho más fuerte mermó este punto, hizo que faltara poco, pero faltó, para ese paso final que hubiese dejado al  Fauna Primavera 2016 -que además se abrió como un espectáculo familiar este año- como uno de los puntos altos de los shows en vivo del año. 

https://melomanosmag.cl/2016/11/13/fauna-primavera-where-the-lights-get-in/


Biffy Clyro: Por quien suenan las campanas




Biffy Clyro en Chile
Martes 14 de octubre,2014 Teatro La Cúpula

La perspectiva del tiempo tiende a afectar directamente a los hechos: o bien los engrandece en demasía, o bien los deja aplastados y acumulando polvo hasta casi desaparecer de la memoria colectiva. Y tras haber presenciado el show de los escoceses Biffy Clyro en la calidez del teatro ubicado en el Parque O’Higgins, salta a relucir inmediatamente la duda de si será éste un show de culto al cual muchos en el futuro dirán que asistieron -aunque no lo hayan hecho- o bien será otro de los muchos que se desvanecen en la noche santiaguina. El correr de los meses dirá, no obstante por setlist, iluminación y ganas, el concierto no se quedó atrás. Habrá uno que otro punto bajo, pero en líneas generales la demostración de energía expuesta anoche pudo aturdir hasta al más terco de los oyentes.

La mano se veía auspiciosa, principalmente por el disco en promoción ("Opposites", del 2013) que al tener un formato doble traía consigo una cantidad enorme de canciones, algunas mejores que otras, pero que se afianzaban bajo un sello común: la convivencia entre los ganchos descaradamente pop con guitarras gravitantes. Y eso fue en gran medida a lo que recurrieron en su presentación: ‘Different People’, sin ir más lejos, marcaba el hito de apertura con velocidad y enganche. ‘Biblical’‘Sounds Like Ballons’ o ‘Black Chandelier', todas rotundamente ambiciosas y coreables, y en esa vibración que Muse quiso transmitir desde el 2006 en adelante.

No obstante, esa fuerza y portentosidad de alguna manera era un arma de doble filo. Y es que el formato incendiario y "de estadio" de algunas canciones armaba un cuello de botella sonoro al estar el espacio y la audiencia en un escenario de envergadura menor. Quizás en un área más abierta, estas canciones hambrientas de estatura se hubiesen visto más libres que bajo la saturación que se presentó, debido al tenor casi íntimo provocado por la cantidad de asistentes y al ambiente que confiere la estructura de la misma Cúpula.

Nada terrible en todo caso, pues siempre será preferible esto, a que el artista no se incinere en el escenario como lo hicieron Simon Neil y James y Ben Johnston. Es cien mil veces mejor ver la animosidad incombustible de estos tipos tocando 'Who ́s Got A Match?'‘Living Is A Problem Because Everything Dies’ o ‘Bubbles’ antes que a alguien que no siente pasión por su propia música.

¿Puntos altos? ‘Glitter And Trauma’ mezclando ese ritmo hipnótico y bailable junto a unos riffs potentísimos, y la apocalíptica ‘Stinging Bells’ que a más de alguien hizo preguntarse si ese no hubiese sido el final idóneo para la presentación de anoche, en desmedro del cierre con ‘Mountains’, porque aunque esto último suene antojadizo, con interpretaciones así es difícil no cuestionarse quiénes son estos muchachos que con ese desplante suenan de esa manera.

La respuesta queda ahí mismo: Biffy Clyro, quienes hacen sonar sus propias campanas. Y las hacen sonar fuertemente.

Gepe: Bailes Andinos



Gepe - Lanzamiento disco "GP"
Miércoles 24 de octubre, Club Chocolate.

Un fragmento de ‘En La Naturaleza (4-3-2-1)’ versa: “La alegría es igual que la pena, como dos personajes en el mismo lugar”. Una frase sencilla, pero decodifica mucho de la música entregada por Gepe. Pues, ¿para qué ponerle nombre a un estado anímico? Estos siempre fluctúan, no son estáticos, se mueven continuamente. No hay alegría, no hay tristeza. Todo es fiesta.

Las canciones del estandarte del sello Quemasucabeza no tienen una constitución estable, por eso se va amoldando de acuerdo a los intereses de su creador. En este caso una mezcla de pop, melancolía y carnaval.

Sobretodo de esto último, ya que la noche pasada mientras se presentaba en sociedad el cuarto larga duración del ex Taller Dejao, con una puesta en escena muy cuidada y con claras alusiones a los festivales religiosos norteños, los temas más recientes brillaron por su absoluto sentido rítmico.

La diversidad de la paleta sónica presentada ayer está al borde de lo inclasificable, en un vaivén emocional que recorría desde la melancolía de‘Campos Magnéticos’, pasando por reggae en ‘Fruta y Té’, hasta la clave acústica de los covers a ‘Doble Opuesto’ y ‘Ojalá que llueva café’ (ambas en compañía de Fakuta, quien también lo acompañaría en la sencilla ‘Bailar Bien, Bailar Mal’). O la explosión variopinta de ‘Bomba Chaya’, se convierten en pasajes absolutamente disfrutables, ratificando esta multipolaridad sonora que suma y suma puntos al sonido en vivo.

Si bien “GP” fue el soberano en la hora y media de show -al fin y al cabo es el trabajo a defender- “Audiovisión”también se hace acreedor de importantes momentos de un recital que parece no haber tenido ningún punto bajo (el sonido y la sencilla iluminación anduvieron espléndido, en un Club Chocolate que cumplió a la perfección como residencia para esta clase de eventos). ‘Alfabeto’ es y será la joyita de su autor, así como ‘La Bajada’ gana mucha urgencia en su versión en vivo de mano de una ejecución exquisita en manos de la banda compuesta, entre otros, porFelicia MoralesPedro Piedra y Gonzalo Yáñez. Pero fue con ‘Por La Ventana’ en que se presencio el pick del recital, ese compromiso entre artista-público, con un Gepe cantando desde abajo del escenario mimetizado entre todos sus oyentes incluso bailando entre -y con- ellos, dejó una postal de aquellas.

Un lanzamiento que terminó involucrando mucho riesgo, por el giro sonoro que se le da al catálogo del artista, al fin y al cabo es el primer sondeo de cómo se vienen las reacciones ante una nueva apuesta discográfica. Sin embargo con shows como el de anoche, los resultados sólo pueden ser favorables. Y si todo sigue así, las presentaciones de “GP” ya se convertirán en un carnaval sónico imprescindible para esta temporada.

Peter Murphy: Atmosfera violenta




Peter Murphy en Chile
29 de junio, Teatro Caupolicán

Había algo predispuesto el día de ayer, pues nadie podría imaginar mejor escenario para la música poética y oscura de Peter Murphy que la húmeda y lluviosa noche que nos regalo Santiago este viernes. Como anillo al dedo para el ex vocalista de la mítica Bauhaus, quien supo como sacar el máximo partido a los recursos que tenía a mano (tanto escénicos, como también apelando el carácter de leyenda en el que se ha vuelto su imagen), pues si bien el sonido falló por instantes de manera considerable, aún con ello la voz de este hombre de 54 años se mantiene vital consiguiendo -de sobremanera- disminuir cualquier imprevisto que pudo aparecer a lo largo del show, quedándose con un saludable saldo a favor que desgranaremos a continuación.

Primero que todo, el show de Murphy goza de una tremenda transversalidad tanto musical como a cuanto fanaticada se refiere, pues si bien entre el público la cantidad de cierto segmento etario era mayoría, también había cabida para generaciones más actuales. Y de eso es de donde se aferra Murphy, tal vez consiente o no, pues su show viene reflejando desde hace un buen tiempo gran parte de su carrera, retrayéndose a piezas de Bauhaus, de quienes sigue siendo fiel nunca ha renegado ni desconocido la gran escuela (familia) que fue para él, como de su más provechosa producción en solitario en los 90's. Y tal vez lo que le da la consistencia al show; sacando mucho material de "Ninth", su placa 2011.


Si "Ninth" es su mejor placa a la fecha no es materia de discusión por la mera infructuosidad que conlleva, pero de que es un proveedor de grandes temas, en esa lid la placa se vuelve imbatible. Al ser ésta la gira de promoción de ese disco, se ve potenciada totalmente. De hecho los grandes momentos de la noche, obviando a esos himnos sublimes que son 'Cuts You Up' o 'Strange Kind Of Love- Bela Lugosi’s Dead', las que brillaron fueron 'Velocity Bird' o la fantástica 'I Spit Roses'. Los covers también fueron notables, a 'Ziggy stardust' el apelativo de épico le queda chico, así como a 'Hurt' la atmósfera también. Mas ese recurso atmosférico no quedaría sólo ahí, ya que en 'Hollow Earth' y en 'Subway' resultan casi en una definición.

Peter Murphy sabe que puede echarse el público al bolsillo como si nada, y no sólo tiene conocimiento de ello, sino que hace escuela al respecto. De una interpretación sexual y contorneada, ocupa cada espacio y se hecha al hombro la interpretación. Claro, no sería lo mismo sin el violín eléctrico de Emilio Chino o la guitarra de Mark Gemini Thwaite, mas convengamos en que el peso sobre el escenario es de quien pone el nombre a la gira y ese no es otro que el delgado vocalista. Que haciendo usufructo de ello logra tapar cualquier problema técnico que aparezca, como los acoples de sonido en 'Memory Go'.

¿Momento altos?, pues hay muchos. 'Indigo eyes', cristalinidad total; 'Dark Entries' y'Stigmata Martyr', crudeza a toda prueba. Sin embargo, lo que persiste en la memoria cada vez que uno quiere saborear otra vez el show es una impecable capa de ambiente en que los actores como nunca violaron el atrofiado sonido y coronaron una noche casi redonda. Peter Murphy sigue jugando entre la más elegante calma y la violencia riffera mas inusitada, y de paso también enrostrando el buen estado en que se encuentra su voz .Como dice aquel dicho popular "Él que puede, puede".