Stories of Your Life and Others - Ted Chiang



Aproveché el hype que me dejó la película de Villenueve para comenzar este compendio de relatos, que una vez leídos tengo que decir me dejaron sumamente satisfecho.

Las formas en que arma y -más importante- finiquita sus historias Ted Chiang no se sienten finalizadas de forma abrupta o pareciesen buscar un plot twist rebuscado. Avanzan con naturalidad siempre, incluso 'La Torre de Babilonia' que parece tener un termino algo tosco no se queda en eso y con un texto bien pronunciado nos habla sobre la circularidad, o derechamente sobre lo divino pero desde una perspectiva en donde la ingeniería y la arquitectura parecen tener todo el protagonismo.

Pero tal vez lo que más captó mi atención fue el sinnúmero de temas que trata en cada relato y que parecen evitar con éxito cualquier tópico sobrerevisitado como la religión ('El Infierno es la ausencia de Dios') o mejor aun en 'Comprende' donde se trata el tema de la superinteligencia de forma mucho mejor planteada que en , por ejemplo, la pobre 'Limitless'. La visión del mundo, como mejorarlo, el uso del lenguaje como una herramienta ('La Historia de Tu Vida', '72 Letras') o la apreciación de la belleza desde diferentes perspectivas (¿Te gusta lo que ves? ).

Creo seguiré adentrándome en la ciencia ficción por vías como esta. 

Festival Fauna Primavera 2016: Where The Lights Get In


Sabado 12 de Noviembre, Espacio Centenario


Son cerca de las ocho de la tarde y el arrebol tiñe los rostros de Bobby Gillespie y Kurt Vile que tocan juntos ‘Damaged’ de Primal Scream en el escenario ‘Adidas Originals Stage’. Una postal maravillosa de describir ( y de oír, ver y sentir). Y es que si bien esta sexta versión del festival no se quedó corta a la hora de momentos de esta índole, más el backup prestado de versiones anteriores que asegura cierto nivel de calidad. La elección de un nuevo terreno donde llevarlo a cabo, más un line up acorde al espíritu del festival, pero que tal vez careció de un cabeza de cartel más poderoso, entra a mover la variables del total consiguiendo un resultado satisfactorio pero que deja la sensación que pudo ser más.

Partamos por el terreno y acceso. Evidentemente Espacio Centenario es mucho más accesible que Espacio Broadway, aun cuando tampoco se ubique en un lugar céntrico que evite una peregrinación relativamente larga, el flujo de locomoción publica lo hace un sitio mucho más viable. En cuanto a extensión es un lugar muy amplio y de un suelo polvoriento y algo pedregoso. No habían muchos árboles ante lo cual se instalaron varios sitios con quitasoles o lugares sombreados donde sentarse para amortiguar un día soleado que se vió -afortunadamente- menguado por la aparición de nubes que bajaron la sensación térmica. Otro punto sumamente rescatable es la posición de los escenarios principales, que al estar armados en una depresión permitían una vista, y escucha, de ambos sumamente buena desde casi cualquier punto del festival. Se extrañó, eso sí, sitios donde conseguir botar basura.

“Bailar en los polos”

En cuanto a lo nacional los escenarios principales tuvieron a dos representantes de nuestro país: Camila Moreno y Adelaida. Siendo la banda de Valparaíso los primeros en tocar a eso de las 12:50 de la tarde cuando aún no había mucha concurrencia, pero que a base de una ejecución potente, unas visuales estéticamente atractivas y canciones como su nuevo corte ‘1999’ que no pueden dejar indiferente fue que consiguieron atraer la atención del público en el corto trecho que se les asignó. En cuanto a Camila Moreno es alguien que ya se maneja en el formato de festival, así como tiene preparado un show que se adecua a instancias de este tipo. ‘Libres y Estúpidos’, ’Tu Mamá Te Mató’ e ‘Incendié’ suenan poderosas en vivo pero dejan espacio para otra clase de momentos más calmos como con la canción: ‘Te quise’. ‘Mala Madre (2015)’ ha rendido buenos frutos en la carrera de Camila y, como se viene viendo hasta la fecha, ha conseguido cimentar y nutrir mucho su show en vivo que cada vez es un poco más grande y flexible, aun con la aparición de ciertos problemas técnicos, que se repetirían con otros grupos del festival.

‘Give me all your money and i’ll make some origami , honey’

Una característica que no se le puede negar a Fauna Primavera es que están sumamente pendientes de los sonidos que emergen año a año, y por lo general, consiguen traer bandas o artistas con discos que están causando cierto ruido. Courtney Barnett y Kurt Vile son claros ejemplos de ello. ’Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (2015)’ y ‘B´live I’m goin down (2015)´ estuvieron dentro de lo mejor del año pasado y en esta pasada sus creadores tampoco quedaron cortos con sus shows.
Kurt Vile es un tipo de posturas plagadas de tics, que se acrecientan cuando toca, una pose desgarbada y una melena que cubre casi por competo su rostro dejando la mayoría del tiempo a la vista solo sus manos mientras va ejecutando su repertorio. Y es que el oriundo de Philadelphia pareciese tener un alma vieja, de esas que no se mueve demasiado, no interactúan en demasía con su público pero lo deja todo tocando.

Cuando toma su banjo en ‘I´m Outlow’ o la guitarra electro acústica en ‘Baby Arms’ y ‘Wakin On a Pretty Day’ marca el vaivén pendular de si mismo más el de su banda de acompañamiento, The Violators, una asociación fructífera que retrotrae a lo hecho por sociedades clásicas como Neil Young con la Crazy Horse. El cambio constante de guitarras no obstruye la mantención del espíritu que gobierna la presentación: esa sensación de aletargo eléctrico que solo se vio interrumpida en una mucho más desbocada interpretación de ‘Freak Train’. Un show implosivo. Sin catarsis. Aun con interpretaciones redondas como ‘Jesus Fever’ o ‘ KV Crimes’ la aspereza sonora fue la que reinó.
Por el otro lado está Courtney Barnett la muchacha australiana que converge su música desde una óptica que tiende hacia la detonación. Deja de sonar ‘So Long Marianne’ de Leonard Cohen en los parlantes y sube la compositora adornada simplemente con una polera blanca y una sonrisa constante que es su primer escarceo con el público chileno.

Sin embargo serán ‘Small Poppies’, ‘Dead Fox’, ‘Elevator Operator’ ´Depreston’ o ‘Avant Gardener’ que sonaron áspera y enérgicamente (como debían sonar) las que la hicieron conquistar su escenario, cubrir expectativas y rebasarlas de hecho. Un acto que se sintió consumado con ‘Pedestrian At Best’ la que terminó catapultando el show como uno de los mejores de la jornada. Todos coreando. Ella apenas alcanzando a pronunciar cada frase de su canción mientras la guitarra no paraba de sonar con la tosquedad requerida. Un instante para la posteridad.

“Oú va Le Monde”

La dosis de baile y sicodelia parece un ingrediente que no debiese estar ausente en este festival. Prueba de ello es el paso de Tame Impala o Bomba Stereo entre otros en ocasiones anteriores. Para esta versión 2016 ‘La Femme’ pondría la cuota de baile entre movimientos y vestuarios estrafalarios más un coctel de pop de ineludible eficacia. Cosa de haber visto al publico moverse como locos durante la pegajosa ‘Ou va Le Monde’ siendo las una de la tarde con un sol que no perdonaba. Con respecto a la sicodelia esta llegó junto a ‘The Brian Jonestown Massacre’ quienes con una ejecución prolija se hacen un hueco entre lo destacado de la jornada. ‘Who’, ‘Anemona’ y sobretodo ‘Vad Hände Med Dem ? hablan de ello.

Primal Scream: Rocks

Air y Primal Scream eran los headliners para este año. Un peso que dejaba al primero con cierta responsabilidad sobre sus hombros para cerrar la jornada de día del mismo y que cumplió de forma bastante alta el cometido. ‘Cherry Blossom Girl’, ‘Venus’, ‘Alpha Beta Gaga’ entre otros consiguieron, me atrevería a decir, sorprender y enganchar a un público muy dispuesto a dejarse llevar.
No obstante quién sobresalió en su labor fue Primal Scream con un set de quince canciones y un espíritu incombustible lo dejó todo en el escenario, así como la cancha que no paró de bailar en ningún momento. ‘Where The Lights Gets In’ seguido por ‘Jailbird’ y ‘Accelerator’ sembraban e incitaban al baile guiados por un Bobby Gillespie que parece no saber de agotamiento.

Provocar un pogo con ‘Swastika Eyes’ es un hito que rara vez se ve en este festival, bueno, Primal Scream lo logró y no conforme con ello le siguió con ‘Loaded’ del ya clásico ‘Screamadelica (1991)’, la rítmica ‘Country Girl’ más el hit por antonomasia del grupo: ‘Rocks’

‘Come Together’ , como viene siendo la tónica, cerró una actuación que incluyó hasta gente subiendo al escenario y siendo despachada por seguridad. Aun cuando no nos hayan mandado a matar hippies en esta ocasión todo terminó de la mejor manera:

Todos coreando, todos felices tras el mejor recital de toda la jornada.


Más allá de un público que muchas veces pareciese ir por otros motivos a un Festival de música, la relevancia que tiende  a tener como va o no vestida la gente o que no se podía obviar lo dispar del terreno donde se ubicaron me parece esconde signos que debiesen ser revisados con mayor ahínco. Una menor concurrencia pese a que los números elegidos si estuvieron sólidos dentro de su área, y que tal vez la carencia de un gancho más fuerte mermó este punto, hizo que faltara poco, pero faltó, para ese paso final que hubiese dejado al  Fauna Primavera 2016 -que además se abrió como un espectáculo familiar este año- como uno de los puntos altos de los shows en vivo del año. 

https://melomanosmag.cl/2016/11/13/fauna-primavera-where-the-lights-get-in/


ECSDLQHP - Run Run (2016)




El año pasado se habló mucho de la emergencia de una nueva camada que como una fuerza natural buscó llenar espacios que se creían desiertos, o bien y me parece mucho más correcto su uso, crearon sitiales propios desde los cuales abalanzarse y tomar el liderato sobre cómo  y qué querían crear.

‘El Cómodo Silencio De Los Que Hablan Poco’ -banda de largo título- forma parte esencial de esa fuerza, que ya más que demostrada su importancia, parece empezar a inclinarse hacia una nueva etapa. Con varias agrupaciones ya cerrando el proceso del lanzamiento de su primer disco y lanzado puentes hacia lo que sigue en el camino, este ‘Run Run’ parece llegar a marcar de cierto modo el instante en que un movimiento se encuentra: Ese de materializar las canciones e ir incrementando el alcance tanto público como sonoro para pasar a lo siguiente.

Teníamos precedentes con ‘Tiempos Bajo el Sol’ canción incluida en el Compilado 2015 del Sello Piloto, más faltaba darle contextualización a la misma y de alguna manera este primer disco consigue hacerlo. Aun cuando en su mayoría pareciese homogeneizar la instrumentación por sobre los minutos cantados, que son como islas dentro del disco, el trabajo al completo es una mezcla que saca brillo a lo más melancólico del emo, a las melodías instrumentales y a poco disimulados coqueteos con el folk nacional.

Como conjunto suena poderoso más no desbandándose ni envaneciendo en vueltas que ricen el rizo, es equilibrado, y es raro poder hacer uso del adjetivo a diestra y siniestra, no obstante lo logrado por Mono Azul, Yaney Salgado,Franco Perucca, Sergio Barrales y Matías Manriquez consigue calificar para ello. ¿Pruebas? La tristeza de ‘Jardín’ la nitidez de ‘5’ y la bellísima ‘Caroline’. Ocupan su espacio. Ocupan su lugar. Reflejan toda la calidez que una canción bonita debiese proyectar.

Y aun cuando individualmente los resultados son obviamente buenos, no le hace el quite a la responsabilidad que conlleva el dar identidad a un disco. No se escuda en el protagonismo que pueda tener X canción por sobre el de Y canción. La narración de ‘Run Run’ es fluida y como pocas veces consigue dar esa experiencia de escuchar los discos de corrido. Revisitando un rito que tal vez se ve algo medrado por como consumimos música hoy en día, pero que una obra como esta, me parece sumamente útil a la hora de reposicionar ese viejo habito de escuchar canciones en el orden que su autor dispuso y llenar con música estos incipientes días bajo el sol.

James Rhodes – Instrumental





Las biografías son lugares pantanosos y algo velados en cuanto a lo que quieren contar, ya sea cuando son escritas desde la perspectiva de un tercero, como en “Heavier Than Heaven” (2001) en la que el escritor se daba demasiadas licencias en cuanto a los pasajes que no podía completar con datos verídicos, o en autobiografías que tienden a caer en autocomplacencias y cierta amabilidad desmesurada hacia sí mismo, como en “Waging Heavy Peace: A Hippe Dream” (2012) del canadienseNeil Young.

Sin embargo hay varias que consiguen escapar a estas trampas tan tentadoras y consiguen plasmar de otra forma un retrato descarnado. Y es que si bien esto último nunca nos será constatable en su totalidad, arman un relato de tal intimidad que dificulta mantener un halo de cinismo que trabe la lectura.

En este apartado podríamos encontrarnos con biografías como la de Mark Everett (“Cosas que los nietos deberían saber”, de 2009) en las que la persona tras las letras se presenta a sí mismo con todos sus defectos y anhelos a cuestas. O bien, el libro que nos convoca.

En este caso, el músico es uno dedicado a un área más clásica y cuenta en un lenguaje sin demasiados aspavientos cómo la música lo ayudó a sobrellevar desde una temprana violación, hasta su drogadicción, paranoias y fracasos matrimoniales. Y es que es necesario enfatizarlo: J. Rhodes no esconde sus demonios bajo la alfombra, sino que capítulo a capítulo trata de destapar todos los trechos más densos de su vida, por dolorosos que sean. Es eso lo que genera de una u otra forma una mayor conexión con el relato, quedando más claro el génesis de sus problemas, así como la relevancia que tuvo la música en aliviar las heridas.

"Los compositores y la enfermedad mental suelen ir de la mano, como los católicos y el sentimiento de culpa, o Estados Unidos y la obesidad. Schumann fue uno de tantos que padecieron depresión grave; se tiró al Rin y luego, como no había logrado suicidarse, se internó voluntariamente y murió solo y asustado en un manicomio".

Tampoco es que sea un manual de autoayuda descarado. Más bien, hace uso de sus experiencias como tal; no busca responder cosas, son simplemente las vivencias de alguien a quién le tocó una ruta complicada y que encontró fortuitamente una herramienta en la música clásica para poder amortiguarla. Hay una que otra moraleja, sí, pero digamos que se subsana con los no ausentes toques de ironía que se dejan caer de cuando en vez.

"Me fijo en mi vida en la actualidad y me doy cuenta de que no han cambiado demasiadas cosas: ahora fumo Marlboro, pero el tabaco y el piano son elementos centrales en mi vida. Las únicas cosas que jamás me decepcionarán ni pueden hacerlo. Incluso la amenaza del cáncer no sería más que una excusa para ver al fin Breaking Bad entero y ponerme de drogas hasta las trancas"

Y así, hoja tras hojas nos enteraremos cómo el convertirse en padre desencadenó desastres espantosos en su vida (“Creo que jamás llegaré a reconciliarme con el hecho de que las pequeñas olas de mi pasado se convirtieran en un maremoto cuando él nació”) y a la vez se trasformó en el motor esencial que lo empujó a buscar la sanación. No obstante, no miente, día a día es una pelea continua consigo mismo que probablemente no tenga fin, pero que con una escritura sencilla y directa, consigue cruzar la pared y empatizar de una sola vez con el lector.

Schumann, Mozart, Goldberg, Bach. Todos y cada uno son seleccionados bajo alguna pieza que se traspone a un episodio de la vida de James Rhodes, realizando uno que otro paralelismo con el tema en cuestión. Un desfile que hace de éste, la clase de libro que conmueve y además contiene una banda sonora de tal magnitud, que parece una puerta de entrada bastante lúcida para este tipo de música.

Un relato que hace uso de en todo momento de su mayor activo: una historia sumamente humana.

Diego Lorenzini – Pino (2016)



“Pino” de Diego Lorenzini, miembro de Tus Amigos Nuevos y Varios Artistas, es un disco de 18 canciones y poco más de una hora de duración. Una extensión y cantidad de temas bastante abultada, sin duda, pero que contrario a lo que se pudiese inferir logra hacer un buen uso de ese tiempo entregando una no despreciable variedad -así como pericia- a la hora de ejecutar sus canciones.

Y es que al momento de enumerar las características de cada track se podría deducir que las vertientes que se toman son muy dispares; desde grabaciones con la voz del hermano menor de Lorenzini (‘Corre Por Tu Vida’) y discursos de Raúl Ruiz (‘Cartoncito’), a ritmos tan distintos entre sí como la pegajosa‘Trovador Retrofuturista’ y la balada líricamente sincera ‘Más que Nunca’.

Y es que “Pino” por ratos parece un lego sónico, tomando colores y piezas por doquier. No obstante ese desorden no es tal. Su estructura minimalista (imposible no pensar lo contrario con una melodía tan pegajosa como ‘Tutorial’ y al mismo tiempo tan humilde en recursos) se percibe pensada así.

Más allá que el booklet diga cosas como “cuando estaba trabajando en el arte, el computador se me apagó y solo me quedó esto”, la alternancia del tracklist nos dice lo contrario; pasando de la coreable‘Tutorial’ a la interesante ‘Tentempié Nocturno Maulino’, para llegar a un potencial hit como lo es ‘Sexo Amateur’ y luego continuar con esa rareza que es ‘Corre Por Tu Vida’ y así pasar al siguiente acto del disco.


Y eso es bastante destacable, hay una estructura reconocible que invita a la experiencia de escuchar un disco. La maquinaria funciona como un todo, no obstante esto no coarta que haya cabida a highlights que generen reverberación (‘En Los Conejos’, ‘Sexo Amateur’, ‘Cuatro Estrellas’).

Otra característica destacable, además de está ambivalencia, y que consigue insuflar de alma al trabajo, es el apartado lírico. Lorenzini no escatima en chilenismos y frases reconocibles dentro de cualquier conversación informal a la hora de armar sus canciones. Digamos: “Para que tú cachís que soy bacán/El más pulento” , “Te voy a pagar en carne”. Frases que no suenan forzadas, pues comulgan bien con el resto de las letras y pese a que puedan a acotar su significancia netamente a nuestro territorio, al final –y por lejos lo más importante- suenan bien.

Aun con canciones que se titulen ‘Caca’ o ‘Caguémosnos de susto juntos’, “Pino” se toma en serio más de lo que parece. Una invitación abierta a retomar esa experiencia de viaje que generan los buenos discos, y este, sobretodo, puede resultar ser uno muy significativo.

Radiohead - A Moon Shaped Pool (2016)



Radiohead es como un gigante dormido. Uno que puede pasar inadvertido por años, pero que sigue ahí y tiene un catálogo inmenso al que recurrir y el cual le dota de la ventaja de no tener que generar tanto revuelo para mantenerse en el inconsciente colectivo.

Es sin embargo esto lo que genera una avalancha de expectación al mínimo movimiento que haga, como desaparecer de Facebook por instantes, o luego ir soltando fragmentos de videos por sus reactivadas redes sociales. Se convierte finalmente en eso: una advertencia que algo se está agitando.

Parecen meros movimientos estratégicos, pero es tal la magnitud del nombre que termina generando lo obvio: especulaciones, expectación, opiniones desmedidas etc. Teniendo al final la respuesta más elemental posible; pequeños retazos sobre un nuevo lanzamiento que no necesitaba de esta maquinaria de especulación para legitimarse. Porque siendo justos, el juego parte desde el grupo, apostando por la ansiedad, no obstante, quienes deciden entrar y dejarse llevar por las pistas son –al final- los propios escuchas.

Muchas veces esta “era sobre-conectada” termina pasando la cuenta como en este caso. El no tener tiempo para esperar, el requerir saber de inmediato que está pasando, descoloca. Y la maquinaria especulativa del grupo manejó esto y lo usó en maniobras no sé si cuestionables, pero sí interesantes de observar.

Y es que al final, como último rito de este juego de adivinanzas sólo queda el único resultado posible (y que importa): nuevas canciones. ¿Para eso era todo lo demás, no? Y en ese sentido, y afortunadamente, es un resultado bastante emocionante.

Radiohead parece olvidarse por un momento de los monstruos de los bosques de “The King Of Limbs” (2011) y deciden estirar sus ramitas en otra dirección. Y es que la carga sonora puede ser descodificada por varios lados. Más allá que el primer single, ‘Burn The Witch’, sea sumamente insinuante en su título, las influencias parecen venir directamente desde las vivencias acumuladas en dos de los integrantes fuertes del grupo: Thom Yorke, quien viene de un quiebre matrimonial de 23 años, y el productor Nigel Godrich, cuyo padre falleció. Ambas experiencias parecen permear en el álbum de forma sutil sin llegar a transformarlo en un “Blood On the Tracks” (1975) o un “Carrie & Lowell” (2015). Solo lo justo. Pistas líricas dispersadas entre tema y tema: “Dreamers/ They never learn/ Beyond the point of no return” canta un melancólico Yorke en ‘Daydreaming’, una pieza de seis minutos que además posee un video dirigido por el director Paul Thomas Anderson.

Jonny Greenwood se luce en trechos orquestales preciosos como ‘The Numbers’, ‘Tinker Tailor Soldier..’ y ‘Burn The Witch’. Esta connotación sónica se mimetiza con cierto grado de espiritualidad que se puede percibir en ‘Desert Island Disk’, ‘Decks Dark’ o ‘Present Tense’. Canciones aparentemente que cruzan de lo minimalista a lo orquestal buscando expresar más de lo que las primeras lecturas sugieren.

El disco, no obstante, carga con otro punto significativo: canciones que aparecen en este elepé pero que habían sido estrenadas hace tiempo en vivo , digamos desde el 2008 más menos, como ‘True Love Waits’ que registraba una versión en vivo en el EP " I Might Be Wrong: Live Recordings" de 2001. ¿Es esta versión mejor? Quizás la original tenía mucho más de orgánico producto de lo que la misma ejecución en vivo le sumaba, además de ser una pieza de tal antigüedad le hace cargar con una importante cuota de nostalgia, lo que podría haber sido subsanado incluyendo ‘Spectre’ en desmedro de esta. Probablemente un cierre más lógico.

‘Ful Stop’ e ‘Identikit’ logran escapar de esto, ya sea, porque su data no es tan antigua como la anterior, o bien porque la clave es distinta. Difícil superar la rítmica de la primera, que rememora inmediatamente al trabajo de Phil Selway y Colin Greenwod en “In Rainbows” (2007). O la segunda que se vierte sin ningún tapujo en guitarras mucho más agresivas y menos contenidas. Marcando ambas dos de los puntos más álgidos del álbum.

Ya para cerrar, hay un nuevo disco de Radiohead en las calles, o en la web, para ser más precisos, y aparentemente conseguirá consenso respecto a su calidad. Pero más allá de esto, siempre es bueno cuestionarse sobre la dirección que está tomando el grupo en la búsqueda de sitios no explorados con anterioridad. Y esa decisión se agradece. Ya sea con viejas canciones refaccionadas o quemando brujas, la música sigue fluyendo y -a pesar de todos estos años- sorprendiendo

La maravillosa vida breve de Óscar Wao - Junot Díaz




Las dictaduras deben ser uno de los males más tangibles que han azotado a los países de América y este libro hace hincapié en ello desde la perspectiva de la familia Cabral y como Trujillo, el dictador de turno (acertadamente comparado con Sauron o Darkseid), se encargó no solo de desarticular si no de maldecirla por generaciones y generaciones mediante una violencia tan explicita como real. Sin embargo va más allá de ello, porque los personajes son obstinados, y más que asirse a su autosuficiencia lo que los mueve es algo mucho más poderoso que el Fukú que los persigue.

En cuanto a Óscar ha de ser uno de los personajes más entrañables que he podido leer este año. Sumido en su mundo donde confluyen con una naturalidad asombrosa alusiones desde Stan Lee, Alan Moore o Tolkien, hasta los entornos que creaba García Márquez en su tiempo.

Mi pasaje favorito:

"Toda esperanza había desaparecido, pero entonces, Verdaderos Creyentes, como la mano de los propios antepasados: un milagro. Justo cuando nuestra muchacha debía desaparecer por el horizonte, justo cuando el frío de la devastación le subía por la piernas, encontró en sí misma un último deposito de fuerza: su magia Cabral... y todo lo que tuvo que hacer fue comprender que la habían jugado otra vez, El Gángster, Santo Domingo, sus propias y estúpidas necesidades. Como Superman en El regreso del caballero oscuro, que drenó de una selva entera la energía fotónica que necesitaba para sobrevivir a Coldbringer, así extrajo nuestra Beli de su cólera su propia supervivencia. Es decir, fue su coraje lo que le salvó la vida. Como una luz blanca aquí adentro. Como un sol. Volvió en sí bajo la feroz luz de la luna. Una muchacha destrozada, sobre cañas destrozadas. Dolor por todas partes pero viva. Viva."
 

Las Olas (Noispop) - Canciones Para Mis Amigxs EP (2016)



El sonido de Las Olas en el papel parece inverosímil, no por su contundencia sino debido a que su música es fruto de una cohesión improbable: letras trabajadas, guitarras infecciosas y melodías súper pop. A simple vista una alquimia irreconciliable y que - a la vez- es mucho más que eso.

Es lo que está más allá de cualquier etiqueta, pues no se somete a una estética, sino que cifra su música en una ecuación lo suficientemente calibrada como para incinerar a punta de canciones indomables.

‘Todo el tiempo está ahí’ el single lanzado a fines del 2015 (y que no es incluido en este Epé) ya daba ciertas coordenadas de la ruta a ofrecer. De hecho partía con una declaración de principios a nivel lírico, no siendo condescendientes para nada con su discurso: "¿Lo puedes escuchar? Todo el tiempo está ahí. Gigante, infértil, vacío. Puedes crear robándole energía, pero vendrá por ti al final".

Algunas canciones que guardan ciertas similitudes con este tema son ‘Brilla lo que Tenemos/Desobedecer’. Ambas, aparte de compartir letra, marcan su ritmo de forma trepidante y poderosa. Una ambivalencia que nos podría conducir a los Pixies, quienes daban protagonismo al ímpetu sin descuidar el acceso mismo a las canciones. Sin embargo acá la identidad no se podría someter a una comparación tan sencilla; no sin obviar el torrente de influencias. Y ello es inadmisible. Desde Sonic Youth y el hardcore todo parece confluir un poco, o al menos lo suficiente para no ahogar las melodías.

‘Un Gato’ comparte esa ruta también, lo desgarrado y pedregoso lucen como guía. Será sin embargo la voz de Camila Falcucci la que brinde el equilibrio a la composición en general, tornándola en una experiencia de aires campantes en ‘No Nos Interesa’, una canción punk remojada en un filtro de nostalgia que en poco más de un minuto se contrapone al pesimismo de ‘Me Dices Qué Es Fácil’.

Y es que parar en esta canción es tentador, tanto por su edificación a fuego lento que tarde o temprano termina explotando, como por su contenido lírico donde se asoman ciertas reminiscencias a lo que podría ser un mensaje generacional ("Los adultos se fueron. Nunca los vi regresar. Todos murieron al olvidar este lugar. Sus almas se quedaron en un hospital asustándolos a todos. Nunca se quieren sanar"), o lo más cercano a ello, marcando al menos un ímpetu que dice "ahora es nuestro tiempo es hora de tomar las riendas". El que se concrete, o no, depende de fuerzas externas. Pero la actitud al menos está.

Se ha hablado mucho de esa escena musical que fue creciendo el año pasado y que comparte un código de trabajo más allá de las similitudes sonoras. Esa escena que ya con varios epés bajo el brazo parece estar cuajando la promesa y volviéndose en el foco de atención que probablemente esté en la palestra todo este 2016. Y no hay como no darle la razón, pues con este disco en la calle, es difícil negar la calidad de lo ofrecido. Como también resulta fácil dejarse llevar por la agradable sensación de que todo lo que está por venir puede ser sólido. Bajo esa mirada "Canciones Para Mis Amigxs" ratifica ser otra piedra más sobre la que se edificará el sonido local en esta temporada.

Matías Cena – El Destierro EP (2016)



“Into the Wild”, la película de Sean Penn que habla sobre el autoexilio de un joven a la naturaleza violenta, no solo nos dejó un montón de lecturas erróneas al respecto y una visión algo simplona de lo que el destierro es en sí. La historia basada en el libro de Jon Krakauer además quedó situada en un lugar común al que –lamentablemente- resulta habitual asirse con regularidad.
Matías Cena se arriesga con una lectura del tema, pero desde otra perspectiva. Al menos a algo así hizo alusión en la entrevista que dio en Radiópolis el pasado 29 de febrero mientras presentaba este disco. No solo habla, canta y toca sobre desarraigo en su EP, sino que nos dice que hay muchos tipos de auto-exilio, tanto emocionales como musicales. A esos conceptos es a los que aspira con estas canciones. Eso sí, todo muy lejos de la idea de escaparse a la naturaleza, pues salvo por la portada, poco hay de cinematográfico acá.
Y es que el tema del alejamiento y el hastío deriva –también- en el uso de métodos técnicos más orgánicos. Sin ir más lejos, la grabación de las baterías y bajos se realizó en vivo. Otro ejemplo es que el proceso posterior a la mezcla incluyó pasar lo grabado a cintas de cuatro pistas, alejándose de lo hecho con anterioridad (como en “El Vuelo de Albatros“, de 2013) para sumergirse de lleno en unas raíces donde las guitarras parecen anacrónicas pero disfrutables igual, rezumando un poco ese espíritu que derrochan las bandas de Algorecords.
El country guarda reposo para dar pie a experimentos sonoros como el tema que da nombre al EP y que se torna en nueve minutos tremendos. ‘Fractal’, con su forma algo caleidoscópica, parece haber tomado un atajo desde los 60 para aparecer en nuestros días.
El concepto corre por ese lado: no solo se abandonan cosas, sino que esa especie de lejanía te permite abrazar senderos nuevos o generar relecturas de cosas pasadas. Digamos, esta nueva versión de‘Arauco Cajún’ parece un ejemplo casi al pie de la letra de lo dicho. Mirar con distancia, releer y volver a interpretar.
El estilo más acústico de “Casa Sin Fuego” (2014) ya no tiene cabida en estas cinco canciones y, de hecho, da lugar a esquemas nuevos que más allá de esta presentación acotada se enmarca como un buen pie de lo que pueda venir. Canciones de énfasis rústico que se extienden lo que estiman justo y se ahorran cualquier condescendencia para con los formatos preponderantes.

Patio Solar - Los Movimientos EP (2016)



La sonoridad de “Temporada” (2015) parecía repercutirnos a ideas felices, a un sentimiento naif que era más que una propuesta, una verdadera ideología musical. Y es que inicialmente separar el espíritu -que se deducía- de Patio Solar y la forma en que eran ejecutadas las canciones parecía imposible, una proyección que se vislumbraba inverosímil. Hasta que nos llega este nuevo EP y nos corrige la lectura, expandiéndose sin traicionar la música previa.

En “Los Movimientos” ya no se trata de jugarretas que se acercan a lo someramente inocente, sino que hay ideas que tiñen de gris y nos alejan de las caricaturas para adentrarnos en canciones en que hay un sentir complejo tras el telón. Es una propuesta que relega a la interpretación y se adueña de la ejecución. Si anteriormente el Sur era el lugar para ser feliz, ahora nos situamos a mitad del Verano -uno no tan alegre como previmos- estancados de lleno en el calor.

De partida tenemos más sonoridades que letras: ‘A Mitad Del Verano’ es netamente instrumental y‘Las Vueltas A Seguir’, la que la secunda, solo tiene una sección cantada en sus últimos treinta segundos. Es necesario ahondar un poco más en esta canción y hacer mención a que el diálogo entre guitarras y batería retoma ese espíritu rítmico que retrotrae un poco a lo que conseguía Radiohead en canciones como ‘Weird Fishes/Arpeggi’.

‘El Último Movimiento’ es muy interesante también, con sus guitarras en un plan más chirriante y la voz de Claudio Gajardo que llega con distorsiones. Tal vez una buena manera de definir esta canción es parafrasear las líneas que escribió en su tiempo Bob Dylan en la bonita ‘Visons Of Johanna’:“Pareciendo que fantasmas de electricidad aullaran en nuestra cara”.

No obstante, lo más directo lo encontramos hacía el final en el tema más extenso del EP, la afligida‘Viajar En Metro’, que pese a una instrumentación muy directa e inmediata, sus letras parecen evocar lo más pesimista que lleva a la fecha la banda. “Tuertos de la mente somos por millones, crecemos como larvas tiradas en las calles, tomando el metro, exponiendo lo que somos, débiles con ilusiones”. Un track que debiese pasar de inmediato a los playlist del naciente año.

Haciendo uso de las mismas palabras que utilizó la banda para referirse a esta nueva producción, este EP realmente parece un puente en la discografía. Un lapso que propone nuevos lugares a los que ir, abriendo caminos que transitar. Un nexo que nos llevará desde “Temporada” hacia donde estimen conveniente los muchachos de La Florida, pero que de antemano ya luce como un sitio al que nos gustaría ir.

Los Valentina - Señoras (2016)



¿Existirá algo tan complejo y que se sienta tan directo como una canción pop? Eso dicho no en demerito de la calidad de la misma, sino más bien por su accesibilidad. Esas melodías malditas que se te pegan como chicle y no abandonan nuestros reproductores por días, y sin embargo tras de sí han de tener una maquinaria enorme (compositiva, melódica) que las haga funcionar. No puede haber nada más triste que el hecho de que una canción pop no encuentre una buena acogida entre los brazos de los oyentes. Y es en ese complejo arte en que Los Valentina tienen un grandísimo manejo.

Son días duros, para ti, para mí, para todos. Los viajes largos en un atestado metro, las señoras corriendo por un asiento, la naturaleza algo violenta de la ciudad, las personas a toda velocidad que con suerte se detienen a mirar sus vidas. Entre medio de todo eso surgen canciones como las de este EP; esas canciones que son como un bálsamo que hace retroceder un poco la sensación de pesadumbre que a veces puede inundar las vidas de un mundo tan sobrestimulado como el nuestro.

Y es que este EP invita a eso, a la pausa, a la calma, a detenerse un rato. ¿Qué tan mal puede hacer parar? Bueno, estas melodías parecen responder parcialmente a esta interrogante.

Bajo el alero del sello Piloto (un sello aparentemente cimentado en grandes composiciones), y habiendo ya presentado algunos de estos temas como singles y otros tantos bajo un compilado, teníamos cierto conocimiento sobre a que atenernos, y por poco sorpresivo que suene, se siente bien. Realmente bien.

'Danza de la Lluvia' nos retrotrae instantáneamente a ese pop de fiesta, ese pop feliz que tan bien puede hacer. 'Serpientes' también tiene esa accesibilidad, aunque predominada por el bajo sintiéndose en forma.

'Alguna solución' y 'Antes de Dormir' resuman una candidez de la cual es difícil dudar su autenticidad. Y así, desmenuzar más es redundar en una idea que las mismas canciones pueden explicar mejor: calidez, intimidad y ante todo serenidad.

Y es que Valentina Martínez, Juan Fernando Rubilar (Medio Hermano), Roberto Sanhueza y Leonardo Saavedra, tienen ese código sonoro que se acopla perfecto con bandas de su mismo sello, o bien de grupos recientes como My Light Shines For You. Esas agrupaciones que innegablemente remueven con canciones cotidianas, tracks que poseen ese algo de bordes imprecisos en el cual cualquier escucha se puede refugiar.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo - Haruki Murakami



Creo una reseña del libro no quedaría bien así que dejaré algunos apuntes.

Lo que me gustó:

-El relato se acerca más decididamente a libros del autor como: Kafka en la orilla y After Dark por ende transita por pasajes muy surreales y metafísicos. De hecho esta tendencia aumenta a medida que vamos avanzando , concluyendo totalmente en los terrenos de esta. 

- El halo de maldad , o incomodidad que produce Noboru Wataya es algo que realmente se traslada al lector. Es como una sensación de peligro constante cada vez que aparece en el libro. 

-Esa sensación de perdida, cuando alguien desaparece (el gato y Kumiko) sin más y el narrador debe esperar está muy bien descrita, de hecho me retrotrae un poco a lo que hizo Alejandro Zambra en La vida privada de los árboles .

-Todo el capitulo del hotel (y el aura de peligro constante)

Lo que no me gustó tanto:

-Todo el trecho del zoológico y el barco, si bien tienen conexión - y cierto paralelismo- con lo ocurrido al personaje principal, me generó bastante indiferencia.

En lo que Murakami ya tiene oficio:

-El relato del Teniente Mamiya (ambas partes) poseen mucha fuerza para relatar la crueldad de los actos propios de la guerra.

-Los personajes son de Murakami, se reconocen inmediatamente como tal, tienen esa huella reconocible de que él es quien los escribe. LA SOLEDAD, sus rituales propios y -obviamente - el misticismo inherente a cada uno. Desde Cinnamon hasta el propio Okada.