Sufjan Stevens - Carrie & Lowell (2015)


‘Spirit of my silence I can hear you, but i’m afraid to be near you’ es la frase que abre, entre suaves cuerdas, "Carrie & Lowell", el disco con el que Sufjan Stevens retorna a una línea de folk prístino y enfoca su pluma y sentido musical en exorcizar demonios.
Y es que ese lado de los músicos es algo visto con recurrencia: el extirpar sensaciones de dolor y pérdida por medio de las canciones. Cuan seguros podemos estar de la autenticidad de estas, es un cuento aparte. Es difícil parametrizar cuan cerca se está de esos estados emocionales. No obstante, a veces estas ventanas a lo que quiso transmitirnos el artista son tan claras, tan verosímiles, que dudarlo es ser majadero y nada más. Pues bien, con "Carrie & Lowell" estamos ante uno de esos trabajos; esos que parecen desgarrar sin la menor duda, que respiran autenticidad, que duelen y hacen llorar también.

Son un duelo, un Vía Crucis, pero ese dolor se ve algo amilanado porque la música resulta bella, un bálsamo entre la lírica desgarrada y su fondo doloroso. ¿Cómo se puede dudar ante eso? Es cosa de hacer la prueba y correr a escuchar ‘Death with Dignity’ o ‘Fourth Of July’. Es para tambalearse.

A veces a los discos hay que darles oportunidades para que lleguen, a veces entran a destiempo en la vida del oyente y no consiguen empatizar, o lo hacen en el instante preciso dando justo en el blanco. Estos dependen del azar. Así como los hay también aquellos que tocan temáticas universales que parecen una historia contada que se adentra con facilidad en nuestro subconsciente y engancha de primeras. "Carrie & Lowell" resulta inclasificable dentro de estos marcos, ya que absorbe mucho de ambos. Su construcción y atmósfera es tal, que la música -aun sin las magníficas letras de Stevens- conmueve instantáneamente, como si te estuviesen hablando directamente, sin grandes discursos, sin grandes altavoces, como una conversación con un conocido. No es necesario saber la historia detrás, la relación entre el compositor y su madre, la esquizofrenia y demases, es cosa de escuchar el disco. La historia está ahí, esparcida en códigos sonoros a través de cada canción. Están allí, explicitas, una historia sin guión que se propaga en 11 tracks.

"Carrie & Lowell" es uno de los grandes puntales de este 2015, pero -contrario a lo que pueda parecer- no debería encabezar las listas de fin de año, aun cuando sea temprano para decirlo, ya que es la clase de trabajo que trasciende un periodo de tiempo tan corto. Es un disco que merece más y que posiblemente sea uno de esos elepés que uno revisitará una o mil veces en el momento indicado cuando la vida nos golpee la puerta. Esa clase de obra que pende en el espacio-tiempo donde rankings y competencias no importan. La música y sus relatos, son al final, lo único relevante siempre.

Vietcong - Vietcong (2015)



La tarea de elucubrar un proyecto alrededor de un sonido espeso -como lo es en este caso el post-punk- conlleva inmediatamente a que una idea preconcebida (movimientos pacientes, y cierta opresión de sintetizadores) se nos venga por antonomasia a la cabeza. Para nuestra fortuna, no sólo será la incertidumbre de un sonido el que  la banda de Calgary trabaje en su disco de este año, si no  que por el contrario, se adentran con propiedad al interior del  estilo, y logran transmitir con bastante certeza esa especie de lengua muerta en que se convierten sus nuevas canciones.

Banda renacida desde las cenizas de ´Women´, ahora abraza sin contratiempo la peculiaridad que define su línea musical: Saturación.  Canciones con resonancia y un muro grueso de sonido que se ve fuertemente sostenido por la batería, apelando continuamente a la baja fidelidad; son el signo más notorio dentro de la propuesta de Vietcong, ya que por el lado de las influencias es innegable el tributo a Bauhaus.

Bajo el alero del sello ‘Jagjaguwar’, y tras tener que pasar por ese clásico sino de las bandas de música que es perder algún miembro en el camino, o bien, experiencias relativamente cercanas como le sucedió al bajista del grupo Mat Flegel que casi muere electrocutado –hecho que llevó a componer ‘Siluettes’-  apelan nuevamente a ese tema recurrente que siempre ha sido la muerte (sin más hay un tema que lleva ese nombre). Y es que esa percepción contemporánea de la muerte como un cese definitivo, parece demasiado sobre usado (al igual que el amor han de ser las emociones más revisitadas e incombustibles), no obstante si nos alejamos de los conceptos y nos centramos netamente en los créditos musicales del elepé estos son bastante interesantes y sin duda abren el apetito a lo que puede ser un atractivo viaje de aquí al futuro.

La triada inicial no podría estar mejor pensada: ‘Newspaper Spoon’ , ‘Pointless Experience’ y la gratificante ‘March Of Progress’ tienen una ubicación que aparte de enganchar a lo que vendrá, funcionan individualmente como una experiencia propia e inquietante. La primera como un llamado de ultratumba con su percusión saturada, la segunda con un inicio que invita a bailar en la noche cubierto de bajos gravitantes, siendo la tercera la que más emociones condensa por su composición algo progresiva, en que los tiempos así como el ánimo del tema va turnándose y moviéndose en una mezcla de resonancia, pero absolutamente recomendable.

Son apenas siete canciones, no obstante, en su mayoría no encontramos desperdicio alguno: ‘Continental Shelf’ por ejemplo, no tiene nada que envidiarle a lo que la banda de Peter Murphy hizo  a inicio de los 80’s, con un aire gótico: ganchero y oscuro. En ese sentido ‘Siluettes’ es la más desatada, abriéndose paso con desparpajo y cimentando el camino para que la extensa ‘Death’ haga un repaso final al ánimo del disco y lo cierre.


Este elepé homónimo está absolutamente bien pensado y ejecutado, tanto en su emoción, como en su estética, que si bien remonta con cierta obviedad a sus raíces, su resultado está a la altura de sus pretensiones. Armando un disco de esos que te pueden fatigar, como incinerar, depende de la actitud con que te alistes a las filas del ‘Vietcong’.

Greatest Hits 2014

Lo bacán de lo bacán sin orden alguno (Año anterior)





















Películas

Her (2013)
Fantastic Mr. Fox (2009)
Gone Girl (2014)
Guardians Of The Galaxy (2014)
Dawn Of The Planet Of The Apes (2014)
The Grand Hotel Budapest (2014)
Nebraska (2013)
Interestellar (2014)
American Interior (2014)
Capitan America Soldado de Invierno (2014)
X- Men: Días Del Futuro Pasado (2014)
Pulp: Documental (2014)
El Lobo de Wallstret (2013)
Where The Wild Things Are? (2009)
Porco Rosso (1992)


Libros

Entre Neil Gaiman y Literatura chilena contemporánea 

American Gods - Neil Gaiman
El Sur - Daniel Villalobos
Cuando Hablábamos Con Los Muertos - Mariana Enriquez
Formas De Volver A Casa - Alejandro Zambra
Hermano Ciervo - Juan Pablo Roncone
El Océano Al Final Del Camino - Neil Gaiman
País De Nieve - Yasunari Kawabata

Cómic

Tal vez el año que me fui más en la volá leyendo comics. Hay de todo desde cosas más introspectivas al despreciado género de los superheróes, aunque prevalece lo hecho por el siempre incuestionable sello Vertigo.

Essex County - Jeff Lemire
Sandman (3-7) - Neil Gaiman
Clumsy - Jeffrey Brown
Animal Man - Jeff Lemire
La Cosa Del Pantano (1-2) - Alan Moore
Trillium - Jeff Lemire
Hellboy - Mike Mignola
Fables (Hasta la Edad Oscura) - Bill Willimghan
¿Y Ud. Quien Es? - Francisco Olea
Unlikely - Jeffrey Brown
Fatale Vol.01 - Ed Brubaker/Sean Phillips
Blankets - Craig Thompson
Predicador (1-2) - Garth Ennis
Daytripper - Fabio Moon
Planetary - Warren Ellis
Pastillas Azules - Frederik Peeters
The Wake - Scott Snyder/Sean Gordon Murphy
Fun Home - Alison Bedchel
El Azul Es Un Color Cálido - Julie Maroh
Arrugas - Paco Roca
Locke & Key (3-4) - Joe Hill/Gabriel Rodriguez
Injustice Año Uno - Tom Taylor
Diario De Un Solo #1 - Catalina Bu
Hellblazer (Run Delano) - Jamie Delano
Maus - Art Spiegelman
Aniquilación - Keith Giffen

Series

Este año descubrí que la única manera que me guste el boxeo es viendo Hajime No Ippo, la temporada de GOT que estuvo muy buena y el final de la versión 2011 de Hunter X Hunter.

True Detective (Temporada 1)
Game Of Thrones (Temporada 4)
Hajime No Ippo
Hajime No Ippo New Challenger
Hunter X Hunter (111-148)
Hannibal (Temporada 2)
One Piece (629-675)

Discos

Eels y Deerhunter descubrimientos maravillosos

Eels - Meet The Eels (The Very Best Of) (2008)
Deerhunter - Monomanía (2013)
Protistas - Nefertiti
Interpol - El Pintor
Weezer - Everything Will Be Alright In The End
Real Estate - Atlas
War On Drugs - Lost In The Dream
Metronomy - The English Riviera (2011)
Lorde - Pure Heroine (2013)


Hechos Pulentos

Supimos de la existencia del Cristóbal <3
Lollapalooza 2014 (Arcade Fire)
QOTSA (con el Gabo)
Paul McCartney (Ver en vivo a un Beatle)
Renunciar a mi ex trabajo de mierda

Protistas - Nefertiti (2014)


La sensación que queda tras escuchar múltiples veces “Nefertiti”, la continuación del fascinante “Las Cruces” (2012), es la de haber encontrado un lugar en que hablar de muerte y hacerlo tarareable ocupan la misma dimensión. Y es que este concepto visto con regularidad en lanzamientos discográficos, acá consigue escapar a ese pesimismo tópico en el que se suele caer a la hora de tratar estos contenidos, siendo más a similar a un Memento mori en envoltura pop, que a una marcha fúnebre ralentizada.

Es evidente que las vivencias de los miembros de Protistas en la confección de su tercer trabajo se extrapolan a la visión del disco; en particular las del vocalista Álvaro Solar, quien asimila esas experiencias y las retorna en forma de canciones (‘Hospital Salvador’‘Mi Familia’) y en lugar de lamentarse, parecen retribuir y asimilar la muerte como una parte intrínseca del vivir. Siendo asociadas generalmente como un anexo, las pérdidas -en el ancho del significado- Protistas las integra, sino como hilo conductor, al menos como una neblina que tiñe casi en totalidad la placa.

‘En Mis Genes’, el primer apronte que dieron, más que ser una muestra se transforma en la Piedra de Rosetta que imbuye el ánimo del disco; parsimonia y cuerdas prístinas que raramente se alteran o cambian de velocidad, no como en la línea de ‘Florecimiento’ o ‘Mi Familia’ que están en un espectro sonoro más jovial.

Así como también podríamos ubicar en un mismo sitio a ‘Vigilia’‘Me Atrapo X Todo’ y ‘Función y Guía’, versiones algo más lentas pero con mucha carga emocional, salvo por la tercera que con sus más de ocho minutos tiende a inclinarse más por la textura que por insinuar literalmente la sensibilidad como motor.

La depuración del sonido también acusa mayor protagonismo y de paso lanza un poco de sombra a sus hermanos mayores, sobre todo a “Nortinas War” (2010). El avance en este punto es bastante si se contraponen linealmente los tres discos editados a la fecha, siendo “Nefertiti” quién exhibe una porción mayor de evolución natural y el arribo a una meta necesaria. Esta limpieza deja al descubierto la arquitectura de las canciones así como el revestimiento lirico que siempre intuimos, pero nunca pudimos disfrutar con tanta nitidez.


La música de Protistas parece haberse gestado lentamente, y durante este proceso se ha tomado todo el tiempo del mundo para llegar a su condición actual, Un crecimiento exponencial que deja la palabra apresurado de lado y que sigue mostrando una madurez rotunda, pero por sobre todo un sentido musical propio y muy fino, alejándose de la estética predominante de la escena local pop, para seguir instaurando una marca propia. No más fuerte, pero si más contundente.

Biffy Clyro: Por quien suenan las campanas




Biffy Clyro en Chile
Martes 14 de octubre,2014 Teatro La Cúpula

La perspectiva del tiempo tiende a afectar directamente a los hechos: o bien los engrandece en demasía, o bien los deja aplastados y acumulando polvo hasta casi desaparecer de la memoria colectiva. Y tras haber presenciado el show de los escoceses Biffy Clyro en la calidez del teatro ubicado en el Parque O’Higgins, salta a relucir inmediatamente la duda de si será éste un show de culto al cual muchos en el futuro dirán que asistieron -aunque no lo hayan hecho- o bien será otro de los muchos que se desvanecen en la noche santiaguina. El correr de los meses dirá, no obstante por setlist, iluminación y ganas, el concierto no se quedó atrás. Habrá uno que otro punto bajo, pero en líneas generales la demostración de energía expuesta anoche pudo aturdir hasta al más terco de los oyentes.

La mano se veía auspiciosa, principalmente por el disco en promoción ("Opposites", del 2013) que al tener un formato doble traía consigo una cantidad enorme de canciones, algunas mejores que otras, pero que se afianzaban bajo un sello común: la convivencia entre los ganchos descaradamente pop con guitarras gravitantes. Y eso fue en gran medida a lo que recurrieron en su presentación: ‘Different People’, sin ir más lejos, marcaba el hito de apertura con velocidad y enganche. ‘Biblical’‘Sounds Like Ballons’ o ‘Black Chandelier', todas rotundamente ambiciosas y coreables, y en esa vibración que Muse quiso transmitir desde el 2006 en adelante.

No obstante, esa fuerza y portentosidad de alguna manera era un arma de doble filo. Y es que el formato incendiario y "de estadio" de algunas canciones armaba un cuello de botella sonoro al estar el espacio y la audiencia en un escenario de envergadura menor. Quizás en un área más abierta, estas canciones hambrientas de estatura se hubiesen visto más libres que bajo la saturación que se presentó, debido al tenor casi íntimo provocado por la cantidad de asistentes y al ambiente que confiere la estructura de la misma Cúpula.

Nada terrible en todo caso, pues siempre será preferible esto, a que el artista no se incinere en el escenario como lo hicieron Simon Neil y James y Ben Johnston. Es cien mil veces mejor ver la animosidad incombustible de estos tipos tocando 'Who ́s Got A Match?'‘Living Is A Problem Because Everything Dies’ o ‘Bubbles’ antes que a alguien que no siente pasión por su propia música.

¿Puntos altos? ‘Glitter And Trauma’ mezclando ese ritmo hipnótico y bailable junto a unos riffs potentísimos, y la apocalíptica ‘Stinging Bells’ que a más de alguien hizo preguntarse si ese no hubiese sido el final idóneo para la presentación de anoche, en desmedro del cierre con ‘Mountains’, porque aunque esto último suene antojadizo, con interpretaciones así es difícil no cuestionarse quiénes son estos muchachos que con ese desplante suenan de esa manera.

La respuesta queda ahí mismo: Biffy Clyro, quienes hacen sonar sus propias campanas. Y las hacen sonar fuertemente.

Jack White - Lazaretto (2014)



La llegada del segundo disco solista del hombre tras Third Man Records arriba en un instante extraño en que la imagen que ha propagado de sí mismo durante los últimos meses se ha extrapolado con exageración fuera de los territorios de lo meramente musical.

Estuvo envuelto en una rencilla contra Dan Auerbach, vocalista de The Black Keys, contra quien dirigió palabras poco amables en cuanto a la originalidad de su obra, prácticamente acusándolo plagio. Resultan dichos algo peregrinos viniendo de alguien que ha hecho uso de las raíces del blues y el garage para edificar su propia obra, lo que nunca le aseguró la exclusividad de esta explotación. Es en extremo difícil quedar fuera de la influencia, aun cuando se sea pionero.

Fue una previa extraña para lanzar un disco, aunque -favorablemente- este clima no consigue empañar una entrega sólida y con el claro sello del oriundo de Detroit, por más que a veces esta marca no parezca explorar lejos de limites autoimpuestos. Con esto se hace necesario realizar dos preguntas: ¿Qué Tanto se le puede exigir a Jack White en innovación? ¿Qué tanto más podría reinventarse?

Evidentemente siempre se requiere un poco de factor sorpresa a la hora de un lanzamiento: más allá de mantener el nivel, lo que hace a un nuevo elepé trascendente es su capacidad para dar un poco más que su predecesor, o bien entregar calidad por un camino distinto. Lo de Jack White en esta placa obedece en mayor medida a lo primero, pero sin sorprender, solamente solidificando lo hecho en "Blunderbuss" (2012). Y si mirásemos ese álbum bajo esos estándares, "Lazaretto" es el decantamiento natural de esta nueva ruta.

Nada de la suciedad habitual de su etapa temprana se puede visualizar con facilidad acá. Lo más próximo tal vez sea el portentoso acto de apertura a cargo de ‘Three Women’ en que la potencia no se ve limitada a las guitarras, sino a lo itinerante de los pianos y los arreglos más al detalle. Una fórmula que se ve condensada en la portentosa ‘Would You Fight For My Love?’, una de esas canciones que debiesen pasar directamente al repertorio definitivo de White. Y es que la apuesta corre por esos lados: pasearse por todas las posibilidades que le ofrece el blues y agregarle ese toque desgarbado, que por leve que sea, sigue diciendo presente. Con ‘Temporary Ground’ volvemos a desembarcar en el folk más suave, menos impetuoso y mucho más armónico. Como una reminiscencia a ‘Hotel Yorba’ pero templado por el tiempo.

‘Alone In Home’ y ‘Entintlement’ perpetúan esa armonía crepuscular y algo bucólica, aunque un tanto más inocentona. Por su parte ‘Just One Drink’ acelera el pulso en una de esas minoritarias ocasiones en que el ritmo parece ascender, al menos hasta que los cuervos de ‘Want And Able’ hacen acto de presencia y desvanecen el disco en una singular calma.

Una apuesta segura tanto para el oyente como para el artista. Al fin y al cabo, con paranoias y demases Jack White sigue siendo un gran compositor, quizás no el dueño del estilo, pero si quien mejor lo conoce. Y eso se nota en la paleta ofrecida por "Lazaretto"; un disco que cuaja el proyecto.

The War On Drugs - Lost In Dreams (2014)

La dificultad de no irse a la deriva cuando se surfea por cuestas tan delicadas como la música de limites borrosos y estructuras etéreas es, sin lugar a dudas, una apuesta que se suele ganar de una sola forma: poniendo el sentido y lo sensorial en una sola sintonía.



Y es que cuando dos conceptos como son lo voluble y la electricidad chocan y se enredan, resulta difícil que de la suma no surja algo a tener en cuenta. Un océano de sensaciones en este caso, pues The War On Drugs sabe cómo sacar adelante su intrincado viaje de riffs enrevesados y líneas de bajo en espiral.

La banda de Philadelphia destaca en su tercer largaduración por el uso notorio de hipnóticos arreglos, bajos repetitivos, armónicas distorsionadas, pero, ante todo, una comprometida y natural calibración de las canciones que las hacen explorar lo justo y lo necesario para que no se desvanezcan en experimentación innecesaria.

Un sueño lofi bajo control que da lo mejor de sí en cortes como la ganchera ‘Red Eyes’, la intro de ‘Under The Pressure’ o la inmediatez catatónica de ‘Eyes To The Wind’. Más que una colección de canciones o un viaje por diferentes estaciones, la impresión que prima en el álbum se asemeja a la de subir por una escalera de caracol a un ritmo acompasado y metiéndole algo de velocidad por otros, aunque esquivando siempre el gasto gratuito de energía.

Tampoco es que sea una reproducción lánguida ni mucho menos. Y si duda de ello, ‘Burning’ podría ser la aclaración precisa. Cristalina, con sentido pop, y un trepidar silencioso. Imposible que caiga mal.

O por ejemplo ‘Dissappearing’ y el tema homónimo que hacen uso de distorsiones y arreglos difusos para llevar un paso más allá el tema de la ensoñación. Es que si algo han probado esta estirpe de artistas, como se demostró el año pasado con el disco "Wakin On a Pretty Daze" de su ex miembro y ahora solista Kurt Vile, es que esas ideas de pereza espacial o modorra embriagante pueden ser configuradas de tal forma que el espíritu de baja fidelidad -o de carácter más dream si se quiere- parecen gozar de una salud impecable, y que la puerta que da a la dimensión desde donde aparecen placas como "Oshin" (2012) o "Smoke Ring From My Halo"(2011) parece no querer cerrarse por mucho tiempo.

Mientras tanto, si todo lo que viene de ahí suena como esto, podemos estar más que contentos, pues a veces es reconfortante estar soñando despierto y perderse entre planos.

Greatest Hits 2013

Lo bacán de lo bacán sin orden alguno (Año Anterior)























Películas

No vi tanto, pero de lo bueno poco.

Moonrise Kingdom (2012)
Children Of Men (2006)
Persepolis (2007)
Evil Dead (2013)
Silver Linings Playbooks (2012) 

Libros

Todos odian a Vargas Llosa pero fue una lectura agradable en verano.Murakami no falla, además leí la mejor autobiografía del mundo.

Mark Everett - Cosas Que Los Nietos Deberian Saber
Diego Zuñiga - Camanchaca
Alejandro Zambra - La Vida Privada De Los Arboles
José Saramago - Ensayo sobre La Ceguera
Haruki Murakami - Kafka En La Orilla
Mario Vargas Llosa - La Ciudad y Los Perros

Cómic

Segundo año de iniciación en cómic y varios descubrimientos bacanes de Brian K.Vaughan y Neil Gaiman.

Sandman (1-2) - Neil Gaiman
Saga (1-3) - Brian K. Vaughan
Invencible - Robert Kirkman
Asterios Polyp - David Mazzucchelli
The Unwritten (1-7)- Mike Carey
Y: The Last Man - Brian K. Vaughan
Locke & Key (1-2) - Joe Hill/Gabriel Rodriguez
Batman: Victoria Oscura - Jeph Loeb
Batman: El largo Hallowen - Jeph Loeb
Superman: Hijo Rojo - Mark Millar
Kick Ass - Mark Millar
Persepolis - Marjane Satrapi

Series

2013 el año de Breaking Bad y Mad Men. Además con los chiquillos nos vimos durante todo el año los 600 capítulos de One Piece.

Breaking Bad
Mad Men (Temporada 1 a la 5)
Hunter X Hunter (61 al 110)
One Piece (1-625)

Discos

Foxygen - We Are The 21st Century Ambassadors Of Peace & Magic!
Beach House - Bloom (2012)
Corderolobo - Desastres Naturales y Mañana Por La Mañana
Mantarraya - Costa Esqueleto
Grizzly Bear - Shields (2012)
QOTSA - …Like ClockWork
The National - Trouble Will Find Me
Arctic Monkeys - AM
The Kinks - Village Green Preservation Society (1968)
Farmacos - Los Días Más Largos


Hechos Pulentos

Vacaciones Conti/Lota
Blur en el Nacional
Lollapalooza 2013
Beach House en la Cupula

Blur - Modern Life Is Rubbish (1993)


“The Great Escape” y, en mayor medida, “Parklife” significaron para Blur un salto cualitativo y cuantitativo en cuanto a su base de fans y relación con la critica. Una especie de aterrizaje forzoso -pero esperado- en los grandes escenarios del mundo y sobre todo de su natal Reino Unido. De dulce y agraz vivieron por esa época, siendo las mediáticas peleas con los hermanos Gallagher algunos de estos efectos colaterales que vinieron de mano de la fama, junto con el reconocimiento.

Esta explosión es la que opaca a “Modern Life Is Rubbish” el trabajo que antecede a esos dos monstruos del Britpop y que es, en definitiva, de donde se desprenden los conceptos germinales que los de Colchester sembrarían años más tarde: el anglocentrismo, la vida burguesa y las banalidades propias de la juventud británica noventera.

Desde la placa del 93' es de donde ya se podían encontrar en plena forma la lírica ingeniosa y cínica - a partes iguales- de Damon Albarn. Así como Graham Coxon ya daba indicios de su habilidad para dar rienda suelta a su guitarra de la forma mas elegante posible, Alex James con su bajo tampoco se quedaba atrás, facturando algunas líneas rítmicas significativas, que mas tarde desembocarían en aportes de la talla de 'Girls & Boys', donde el bajo entrega una performance fundamental. Dave Rowntree, en lo suyo, equiparando con lo que podía en las baquetas y consiguiendo fortificar canciones lo más posible con su contribución.

Por su parte el precedente de “MLIR” tampoco es que fuese muy alentador. Estafados por su anterior manager, embarcados en una gira por USA que no fue más que una seguidilla de eventos desastrosos y desafortunados, y, claro, con un disco debut no tan contundente (“Leisure”), la necesidad de dar en el clavo era palpable. Quizás eso fue lo que dotó de tan buenas características el terminado final de un disco que originalmente se titularía “Blur Vs America” y que sin tener que recurrir a lo burdo de aquel título consiguió expresar lo mismo, pero de una forma más refinada; con música.

'For tomorrow', 'Sunday Sunday', 'Chemical World' o 'Advert', todas canciones de un olfato pop inquebrantable, gozan de una accesibilidad temible así como de un trasfondo que no hace si no hacerlas crecer. Las letras y la misma sonoridad que da Albarn a su pronunciación es la que empuja un poco más allá a temas de este tipo, sobrepasando un poco ese espíritu idiosincrático inicial y llevándolas por un sendero de refinación.

'Blue Jeans' también convoca atención con una estructura que no escatima en melancolía y ya ni hablar de 'Star Shaped' con su itinerante fade out o del monumental bajo de James en 'Colin Zeal'. Canciones de estructura impecable por doquier parece la premisa de “MLIR”.

Cabe destacar también que la instauración del sonido del que se harían acreedores y -prácticamente- embajadores en los años posteriores no hubiese sido en absoluto posible sin la existencia del elepé del 93', ya que acá es donde se daba el primer paso en cuanto a la trilogía basada en la tradición inglesa por parte de Blur. Y sin sonar condescendientes, no tiene nada que envidiarle a sus hermanos menores, aun cuando la banda parece haberse olvidado de muchas de sus piezas, es una placa que necesariamente debe ser revisitada, porque aunque hayan transcurrido veinte años, la vida moderna sigue pareciendo...bueno, ya saben.

Arcade Fire - Reflektor (2013)



La conceptualidad artística de "Reflektor", el nuevo disco de Arcade Fire, gira en torno al mito de Orfeo. Desde la portada hasta los videos de la película de Marcel Camus (Orfeu Negro, 1959) desprenden las referencias que servirán de trasfondo a las nuevas canciones.

Un mito que habla de un músico que pierde a su amada y va en su búsqueda hasta las mismas fauces del infierno. Su música consigue abrirle paso y casi asegurarle el rescate de su compañera. Sin embargo, ya en el final la misión fracasa. Orfeo gira su cabeza para mirar a Eurídice antes de salir del Hades y con ello, viola la única regla que el mismo señor del inframundo le impone para llevarse a su compañera: no mirar atrás. El músico es derrotado. Su inseguridad le derrota. Ese imperceptible temor del protagonista a que Eurídice no siga ahí es el que finalmente la desvanece.

Algo así ocurre acá, pero no se habla en términos de derrota. Digamos que Arcade Fire nos presenta una cuarta obra memorable; sin embargo, la pretensión les juega en contra en lo que sería el único bache de la placa: esa inquietud de ir un paso más allá, de estar seguros que posicionarán el LP como el disco que los lleve más lejos. La necesidad de ver que Eurídice sigue atrás. Si hubiera tan sólo un poco menos de todo, un poco menos de interludios, estaríamos hablando de la obra definitiva de los canadienses. De todas maneras, Arcade Fire, no sabe de lugares seguros. La estática no es tema.

"Reflektor" es un disco doble muy variado. Tanto así, que quizás esa pluralidad sónica y conceptual le haga perder fuerza tomando en cuenta que tuvieron que transcurrir tres años desde "The Suburbs" (2010) para poder estar frente a nuevo material de los de Montreal. El resultado es un elepé que se va abriendo en muchos frentes, tomando influencia de las más diversas vertientes. Desde el punk, pasando por sonidos latinos,hasta llegar a la influencia deLCD Soundsystem de la mano del mismísimo James Murphy. La tonalidad del álbum no se amarra a ninguna de las variantes que propone. Haciendo un amplio repaso estilístico busca volverse una mezcla rica en matiz, pero cuando se centra en ello es que pierde la profundidad, debido a la necesidad de abarcar.

Es así como nos encontramos con la influencia bailable del tema homónimo, donde la colaboración de David Bowiemarca pauta y refleja la inquietud artística que tiene el grupo en este momento. 'Reflektor' es la continuación idónea de donde quedamos hace tres años con 'Sprawl II'. La neónica 'We Exist' sólo acrecienta esta sensación con un bajo tremendo y mucho dominio cadencioso.

'Here Comes The Night Time' representa lo mas arriesgado de la colección, con una fuerte carga latina en su estructura. Win Butler es el encargado de recoger las raíces haitianas de Régine Chassagne y nutrir al disco de ellas, entregando una pieza alejada de todo el material previo y sentando una fuerte base rítmica que en su ejecución resulta percusivamente inquietante y pegajosa.

La ausencia de lo barroco encuentra su nicho en las sencillas pero épicas 'Normal Person''You Already Know' y'Joan Of Arc'. Representando tres maneras distintas de reinventarse de una canción a otra sin forzarse en demasía.

Y ni hablar de lo accesible de canciones como ‘Afterlife’, lo sintético de ‘Porno’ y ‘Supersymmetry’ que suenan, tal vez, a lo más frío compuesto por el grupo a la fecha.

El álbum en sí posee muchos contrastes que se ven aminorados por los extensos interludios y fade-outs que mantienen la distancia entre una canción y otra, dando lugar a no tan pequeños hiatos en los que se da espacio al escucha para que respire y pueda continuar con la propuesta siguiente. A veces, claro, estos intermedios se acrecientan un poco y ello estira el metraje en exceso. Lo interesante es que, con exuberancia y todo, "Reflektor" es el más firme candidato a transformarse en el disco del año, haciéndole el peso al repertorio de la banda y posicionándolos en una nueva lid sónica. Los reflejos de Arcade Fire parecen no conocer de límites.