Protistas - Nefertiti (2014)


La sensación que queda tras escuchar múltiples veces “Nefertiti”, la continuación del fascinante “Las Cruces” (2012), es la de haber encontrado un lugar en que hablar de muerte y hacerlo tarareable ocupan la misma dimensión. Y es que este concepto visto con regularidad en lanzamientos discográficos, acá consigue escapar a ese pesimismo tópico en el que se suele caer a la hora de tratar estos contenidos, siendo más a similar a un Memento mori en envoltura pop, que a una marcha fúnebre ralentizada.

Es evidente que las vivencias de los miembros de Protistas en la confección de su tercer trabajo se extrapolan a la visión del disco; en particular las del vocalista Álvaro Solar, quien asimila esas experiencias y las retorna en forma de canciones (‘Hospital Salvador’, ‘Mi Familia’) y en lugar de lamentarse, parecen retribuir y asimilar la muerte como una parte intrínseca del vivir. Siendo asociadas generalmente como un anexo, las pérdidas -en el ancho del significado- Protistas las integra, sino como hilo conductor, al menos como una neblina que tiñe casi en totalidad la placa.

‘En Mis Genes’, el primer apronte que dieron, más que ser una muestra se transforma en la Piedra de Rosetta que imbuye el ánimo del disco; parsimonia y cuerdas prístinas que raramente se alteran o cambian de velocidad, no como en la línea de ‘Florecimiento’ o ‘Mi Familia’ que están en un espectro sonoro más jovial.

Así como también podríamos ubicar en un mismo sitio a ‘Vigilia’, ‘Me Atrapo X Todo’ y ‘Función y Guía’, versiones algo más lentas pero con mucha carga emocional, salvo por la tercera que con sus más de ocho minutos tiende a inclinarse más por la textura que por insinuar literalmente la sensibilidad como motor.

La depuración del sonido también acusa mayor protagonismo y de paso lanza un poco de sombra a sus hermanos mayores, sobre todo a “Nortinas War” (2010). El avance en este punto es bastante si se contraponen linealmente los tres discos editados a la fecha, siendo “Nefertiti” quién exhibe una porción mayor de evolución natural y el arribo a una meta necesaria. Esta limpieza deja al descubierto la arquitectura de las canciones así como el revestimiento lirico que siempre intuimos, pero nunca pudimos disfrutar con tanta nitidez.


La música de Protistas parece haberse gestado lentamente, y durante este proceso se ha tomado todo el tiempo del mundo para llegar a su condición actual, Un crecimiento exponencial que deja la palabra apresurado de lado y que sigue mostrando una madurez rotunda, pero por sobre todo un sentido musical propio y muy fino, alejándose de la estética predominante de la escena local pop, para seguir instaurando una marca propia. No más fuerte, pero si más contundente.

Biffy Clyro: Por quien suenan las campanas




Biffy Clyro en Chile
Martes 14 de octubre,2014 Teatro La Cúpula

La perspectiva del tiempo tiende a afectar directamente a los hechos: o bien los engrandece en demasía, o bien los deja aplastados y acumulando polvo hasta casi desaparecer de la memoria colectiva. Y tras haber presenciado el show de los escoceses Biffy Clyro en la calidez del teatro ubicado en el Parque O’Higgins, salta a relucir inmediatamente la duda de si será éste un show de culto al cual muchos en el futuro dirán que asistieron -aunque no lo hayan hecho- o bien será otro de los muchos que se desvanecen en la noche santiaguina. El correr de los meses dirá, no obstante por setlist, iluminación y ganas, el concierto no se quedó atrás. Habrá uno que otro punto bajo, pero en líneas generales la demostración de energía expuesta anoche pudo aturdir hasta al más terco de los oyentes.

La mano se veía auspiciosa, principalmente por el disco en promoción ("Opposites", del 2013) que al tener un formato doble traía consigo una cantidad enorme de canciones, algunas mejores que otras, pero que se afianzaban bajo un sello común: la convivencia entre los ganchos descaradamente pop con guitarras gravitantes. Y eso fue en gran medida a lo que recurrieron en su presentación: ‘Different People’, sin ir más lejos, marcaba el hito de apertura con velocidad y enganche. ‘Biblical’, ‘Sounds Like Ballons’ o ‘Black Chandelier', todas rotundamente ambiciosas y coreables, y en esa vibración que Muse quiso transmitir desde el 2006 en adelante.

No obstante, esa fuerza y portentosidad de alguna manera era un arma de doble filo. Y es que el formato incendiario y "de estadio" de algunas canciones armaba un cuello de botella sonoro al estar el espacio y la audiencia en un escenario de envergadura menor. Quizás en un área más abierta, estas canciones hambrientas de estatura se hubiesen visto más libres que bajo la saturación que se presentó, debido al tenor casi íntimo provocado por la cantidad de asistentes y al ambiente que confiere la estructura de la misma Cúpula.

Nada terrible en todo caso, pues siempre será preferible esto, a que el artista no se incinere en el escenario como lo hicieron Simon Neil y James y Ben Johnston. Es cien mil veces mejor ver la animosidad incombustible de estos tipos tocando 'Who ́s Got A Match?', ‘Living Is A Problem Because Everything Dies’ o ‘Bubbles’ antes que a alguien que no siente pasión por su propia música.

¿Puntos altos? ‘Glitter And Trauma’ mezclando ese ritmo hipnótico y bailable junto a unos riffs potentísimos, y la apocalíptica ‘Stinging Bells’ que a más de alguien hizo preguntarse si ese no hubiese sido el final idóneo para la presentación de anoche, en desmedro del cierre con ‘Mountains’, porque aunque esto último suene antojadizo, con interpretaciones así es difícil no cuestionarse quiénes son estos muchachos que con ese desplante suenan de esa manera.

La respuesta queda ahí mismo: Biffy Clyro, quienes hacen sonar sus propias campanas. Y las hacen sonar fuertemente.

Jack White - Lazaretto (2014)



La llegada del segundo disco solista del hombre tras Third Man Records arriba en un instante extraño en que la imagen que ha propagado de sí mismo durante los últimos meses se ha extrapolado con exageración fuera de los territorios de lo meramente musical.

Estuvo envuelto en una rencilla contra Dan Auerbach, vocalista de The Black Keys, contra quien dirigió palabras poco amables en cuanto a la originalidad de su obra, prácticamente acusándolo plagio. Resultan dichos algo peregrinos viniendo de alguien que ha hecho uso de las raíces del blues y el garage para edificar su propia obra, lo que nunca le aseguró la exclusividad de esta explotación. Es en extremo difícil quedar fuera de la influencia, aun cuando se sea pionero.

Fue una previa extraña para lanzar un disco, aunque -favorablemente- este clima no consigue empañar una entrega sólida y con el claro sello del oriundo de Detroit, por más que a veces esta marca no parezca explorar lejos de limites autoimpuestos. Con esto se hace necesario realizar dos preguntas: ¿Qué Tanto se le puede exigir a Jack White en innovación? ¿Qué tanto más podría reinventarse?

Evidentemente siempre se requiere un poco de factor sorpresa a la hora de un lanzamiento: más allá de mantener el nivel, lo que hace a un nuevo elepé trascendente es su capacidad para dar un poco más que su predecesor, o bien entregar calidad por un camino distinto. Lo de Jack White en esta placa obedece en mayor medida a lo primero, pero sin sorprender, solamente solidificando lo hecho en "Blunderbuss" (2012). Y si mirásemos ese álbum bajo esos estándares, "Lazaretto" es el decantamiento natural de esta nueva ruta.

Nada de la suciedad habitual de su etapa temprana se puede visualizar con facilidad acá. Lo más próximo tal vez sea el portentoso acto de apertura a cargo de ‘Three Women’ en que la potencia no se ve limitada a las guitarras, sino a lo itinerante de los pianos y los arreglos más al detalle. Una fórmula que se ve condensada en la portentosa ‘Would You Fight For My Love?’, una de esas canciones que debiesen pasar directamente al repertorio definitivo de White. Y es que la apuesta corre por esos lados: pasearse por todas las posibilidades que le ofrece el blues y agregarle ese toque desgarbado, que por leve que sea, sigue diciendo presente. Con ‘Temporary Ground’ volvemos a desembarcar en el folk más suave, menos impetuoso y mucho más armónico. Como una reminiscencia a ‘Hotel Yorba’ pero templado por el tiempo.

‘Alone In Home’ y ‘Entintlement’ perpetúan esa armonía crepuscular y algo bucólica, aunque un tanto más inocentona. Por su parte ‘Just One Drink’ acelera el pulso en una de esas minoritarias ocasiones en que el ritmo parece ascender, al menos hasta que los cuervos de ‘Want And Able’ hacen acto de presencia y desvanecen el disco en una singular calma.

Una apuesta segura tanto para el oyente como para el artista. Al fin y al cabo, con paranoias y demases Jack White sigue siendo un gran compositor, quizás no el dueño del estilo, pero si quien mejor lo conoce. Y eso se nota en la paleta ofrecida por "Lazaretto"; un disco que cuaja el proyecto.

The War On Drugs - Lost In Dreams (2014)

La dificultad de no irse a la deriva cuando se surfea por cuestas tan delicadas como la música de limites borrosos y estructuras etéreas es, sin lugar a dudas, una apuesta que se suele ganar de una sola forma: poniendo el sentido y lo sensorial en una sola sintonía.



Y es que cuando dos conceptos como son lo voluble y la electricidad chocan y se enredan, resulta difícil que de la suma no surja algo a tener en cuenta. Un océano de sensaciones en este caso, pues The War On Drugs sabe cómo sacar adelante su intrincado viaje de riffs enrevesados y líneas de bajo en espiral.

La banda de Philadelphia destaca en su tercer largaduración por el uso notorio de hipnóticos arreglos, bajos repetitivos, armónicas distorsionadas, pero, ante todo, una comprometida y natural calibración de las canciones que las hacen explorar lo justo y lo necesario para que no se desvanezcan en experimentación innecesaria.

Un sueño lofi bajo control que da lo mejor de sí en cortes como la ganchera ‘Red Eyes’, la intro de ‘Under The Pressure’ o la inmediatez catatónica de ‘Eyes To The Wind’. Más que una colección de canciones o un viaje por diferentes estaciones, la impresión que prima en el álbum se asemeja a la de subir por una escalera de caracol a un ritmo acompasado y metiéndole algo de velocidad por otros, aunque esquivando siempre el gasto gratuito de energía.

Tampoco es que sea una reproducción lánguida ni mucho menos. Y si duda de ello, ‘Burning’ podría ser la aclaración precisa. Cristalina, con sentido pop, y un trepidar silencioso. Imposible que caiga mal.

O por ejemplo ‘Dissappearing’ y el tema homónimo que hacen uso de distorsiones y arreglos difusos para llevar un paso más allá el tema de la ensoñación. Es que si algo han probado esta estirpe de artistas, como se demostró el año pasado con el disco "Wakin On a Pretty Daze" de su ex miembro y ahora solista Kurt Vile, es que esas ideas de pereza espacial o modorra embriagante pueden ser configuradas de tal forma que el espíritu de baja fidelidad -o de carácter más dream si se quiere- parecen gozar de una salud impecable, y que la puerta que da a la dimensión desde donde aparecen placas como "Oshin" (2012) o "Smoke Ring From My Halo"(2011) parece no querer cerrarse por mucho tiempo.

Mientras tanto, si todo lo que viene de ahí suena como esto, podemos estar más que contentos, pues a veces es reconfortante estar soñando despierto y perderse entre planos.

Greatest Hits 2013

Lo bacán de lo bacán sin orden alguno (Año Anterior)























Películas

No vi tanto, pero de lo bueno poco.

Moonrise Kingdom (2012)
Children Of Men (2006)
Persepolis (2007)
Evil Dead (2013)
Silver Linings Playbooks (2012) 

Libros

Todos odian a Vargas Llosa pero fue una lectura agradable en verano.Murakami no falla, además leí la mejor autobiografía del mundo.

Mark Everett - Cosas Que Los Nietos Deberian Saber
Diego Zuñiga - Camanchaca
Alejandro Zambra - La Vida Privada De Los Arboles
José Saramago - Ensayo sobre La Ceguera
Haruki Murakami - Kafka En La Orilla
Mario Vargas Llosa - La Ciudad y Los Perros

Cómic

Segundo año de iniciación en cómic y varios descubrimientos bacanes de Brian K.Vaughan y Neil Gaiman.

Sandman (1-2) - Neil Gaiman
Saga (1-3) - Brian K. Vaughan
Invencible - Robert Kirkman
Asterios Polyp - David Mazzucchelli
The Unwritten (1-7)- Mike Carey
Y: The Last Man - Brian K. Vaughan
Locke & Key (1-2) - Joe Hill/Gabriel Rodriguez
Batman: Victoria Oscura - Jeph Loeb
Batman: El largo Hallowen - Jeph Loeb
Superman: Hijo Rojo - Mark Millar
Kick Ass - Mark Millar
Persepolis - Marjane Satrapi

Series

2013 el año de Breaking Bad y Mad Men. Además con los chiquillos nos vimos durante todo el año los 600 capítulos de One Piece.

Breaking Bad
Mad Men (Temporada 1 a la 5)
Hunter X Hunter (61 al 110)
One Piece (1-625)

Discos

Foxygen - We Are The 21st Century Ambassadors Of Peace & Magic!
Beach House - Bloom (2012)
Corderolobo - Desastres Naturales y Mañana Por La Mañana
Mantarraya - Costa Esqueleto
Grizzly Bear - Shields (2012)
QOTSA - …Like ClockWork
The National - Trouble Will Find Me
Arctic Monkeys - AM
The Kinks - Village Green Preservation Society (1968)
Farmacos - Los Días Más Largos


Hechos Pulentos

Vacaciones Conti/Lota
Blur en el Nacional
Lollapalooza 2013
Beach House en la Cupula

Blur - Modern Life Is Rubbish (1993)


“The Great Escape” y, en mayor medida, “Parklife” significaron para Blur un salto cualitativo y cuantitativo en cuanto a su base de fans y relación con la critica. Una especie de aterrizaje forzoso -pero esperado- en los grandes escenarios del mundo y sobre todo de su natal Reino Unido. De dulce y agraz vivieron por esa época, siendo las mediáticas peleas con los hermanos Gallagher algunos de estos efectos colaterales que vinieron de mano de la fama, junto con el reconocimiento.

Esta explosión es la que opaca a “Modern Life Is Rubbish” el trabajo que antecede a esos dos monstruos del Britpop y que es, en definitiva, de donde se desprenden los conceptos germinales que los de Colchester sembrarían años más tarde: el anglocentrismo, la vida burguesa y las banalidades propias de la juventud británica noventera.

Desde la placa del 93' es de donde ya se podían encontrar en plena forma la lírica ingeniosa y cínica - a partes iguales- de Damon Albarn. Así como Graham Coxon ya daba indicios de su habilidad para dar rienda suelta a su guitarra de la forma mas elegante posible, Alex James con su bajo tampoco se quedaba atrás, facturando algunas líneas rítmicas significativas, que mas tarde desembocarían en aportes de la talla de 'Girls & Boys', donde el bajo entrega una performance fundamental. Dave Rowntree, en lo suyo, equiparando con lo que podía en las baquetas y consiguiendo fortificar canciones lo más posible con su contribución.

Por su parte el precedente de “MLIR” tampoco es que fuese muy alentador. Estafados por su anterior manager, embarcados en una gira por USA que no fue más que una seguidilla de eventos desastrosos y desafortunados, y, claro, con un disco debut no tan contundente (“Leisure”), la necesidad de dar en el clavo era palpable. Quizás eso fue lo que dotó de tan buenas características el terminado final de un disco que originalmente se titularía “Blur Vs America” y que sin tener que recurrir a lo burdo de aquel título consiguió expresar lo mismo, pero de una forma más refinada; con música.

'For tomorrow', 'Sunday Sunday', 'Chemical World' o 'Advert', todas canciones de un olfato pop inquebrantable, gozan de una accesibilidad temible así como de un trasfondo que no hace si no hacerlas crecer. Las letras y la misma sonoridad que da Albarn a su pronunciación es la que empuja un poco más allá a temas de este tipo, sobrepasando un poco ese espíritu idiosincrático inicial y llevándolas por un sendero de refinación.

'Blue Jeans' también convoca atención con una estructura que no escatima en melancolía y ya ni hablar de 'Star Shaped' con su itinerante fade out o del monumental bajo de James en 'Colin Zeal'. Canciones de estructura impecable por doquier parece la premisa de “MLIR”.

Cabe destacar también que la instauración del sonido del que se harían acreedores y -prácticamente- embajadores en los años posteriores no hubiese sido en absoluto posible sin la existencia del elepé del 93', ya que acá es donde se daba el primer paso en cuanto a la trilogía basada en la tradición inglesa por parte de Blur. Y sin sonar condescendientes, no tiene nada que envidiarle a sus hermanos menores, aun cuando la banda parece haberse olvidado de muchas de sus piezas, es una placa que necesariamente debe ser revisitada, porque aunque hayan transcurrido veinte años, la vida moderna sigue pareciendo...bueno, ya saben.

Arcade Fire - Reflektor (2013)



La conceptualidad artística de "Reflektor", el nuevo disco de Arcade Fire, gira en torno al mito de Orfeo. Desde la portada hasta los videos de la película de Marcel Camus (Orfeu Negro, 1959) desprenden las referencias que servirán de trasfondo a las nuevas canciones.

Un mito que habla de un músico que pierde a su amada y va en su búsqueda hasta las mismas fauces del infierno. Su música consigue abrirle paso y casi asegurarle el rescate de su compañera. Sin embargo, ya en el final la misión fracasa. Orfeo gira su cabeza para mirar a Eurídice antes de salir del Hades y con ello, viola la única regla que el mismo señor del inframundo le impone para llevarse a su compañera: no mirar atrás. El músico es derrotado. Su inseguridad le derrota. Ese imperceptible temor del protagonista a que Eurídice no siga ahí es el que finalmente la desvanece.

Algo así ocurre acá, pero no se habla en términos de derrota. Digamos que Arcade Fire nos presenta una cuarta obra memorable; sin embargo, la pretensión les juega en contra en lo que sería el único bache de la placa: esa inquietud de ir un paso más allá, de estar seguros que posicionarán el LP como el disco que los lleve más lejos. La necesidad de ver que Eurídice sigue atrás. Si hubiera tan sólo un poco menos de todo, un poco menos de interludios, estaríamos hablando de la obra definitiva de los canadienses. De todas maneras, Arcade Fire, no sabe de lugares seguros. La estática no es tema.

"Reflektor" es un disco doble muy variado. Tanto así, que quizás esa pluralidad sónica y conceptual le haga perder fuerza tomando en cuenta que tuvieron que transcurrir tres años desde "The Suburbs" (2010) para poder estar frente a nuevo material de los de Montreal. El resultado es un elepé que se va abriendo en muchos frentes, tomando influencia de las más diversas vertientes. Desde el punk, pasando por sonidos latinos,hasta llegar a la influencia deLCD Soundsystem de la mano del mismísimo James Murphy. La tonalidad del álbum no se amarra a ninguna de las variantes que propone. Haciendo un amplio repaso estilístico busca volverse una mezcla rica en matiz, pero cuando se centra en ello es que pierde la profundidad, debido a la necesidad de abarcar.

Es así como nos encontramos con la influencia bailable del tema homónimo, donde la colaboración de David Bowiemarca pauta y refleja la inquietud artística que tiene el grupo en este momento. 'Reflektor' es la continuación idónea de donde quedamos hace tres años con 'Sprawl II'. La neónica 'We Exist' sólo acrecienta esta sensación con un bajo tremendo y mucho dominio cadencioso.

'Here Comes The Night Time' representa lo mas arriesgado de la colección, con una fuerte carga latina en su estructura. Win Butler es el encargado de recoger las raíces haitianas de Régine Chassagne y nutrir al disco de ellas, entregando una pieza alejada de todo el material previo y sentando una fuerte base rítmica que en su ejecución resulta percusivamente inquietante y pegajosa.

La ausencia de lo barroco encuentra su nicho en las sencillas pero épicas 'Normal Person', 'You Already Know' y'Joan Of Arc'. Representando tres maneras distintas de reinventarse de una canción a otra sin forzarse en demasía.

Y ni hablar de lo accesible de canciones como ‘Afterlife’, lo sintético de ‘Porno’ y ‘Supersymmetry’ que suenan, tal vez, a lo más frío compuesto por el grupo a la fecha.

El álbum en sí posee muchos contrastes que se ven aminorados por los extensos interludios y fade-outs que mantienen la distancia entre una canción y otra, dando lugar a no tan pequeños hiatos en los que se da espacio al escucha para que respire y pueda continuar con la propuesta siguiente. A veces, claro, estos intermedios se acrecientan un poco y ello estira el metraje en exceso. Lo interesante es que, con exuberancia y todo, "Reflektor" es el más firme candidato a transformarse en el disco del año, haciéndole el peso al repertorio de la banda y posicionándolos en una nueva lid sónica. Los reflejos de Arcade Fire parecen no conocer de límites.

Niño Cohete - Aves De Chile (2013)



Es difícil separar a Niño Cohete del imaginario que han creado con su música. Ese que nos muestra un sur idílico de bosques húmedos, omnipresencia natural o monstruos extraídos de fábulas infantiles. Todo eso es lo que su placa debut condensa, pero a la vez los lleva hasta sus propias fronteras y profundiza en el universo que habitan.


Desde su producción hasta su grabación, lo de “Aves De Chile” obedece a una lógica muy coherente. La elección de Fernando Milagros como productor es un acierto en todo el rigor de la palabra, ya que este parece entender a cabalidad lo que la música de la banda penquista busca provocar. Y es ello lo que acentúa, no escatimando en detalles a la hora de indagar más hondo en las raíces de una propuesta que si tenía un punto débil era la unidimensionalidad de su EP del 2012, pero que se ha visto profundizada en este lanzamiento.

La grabación en el Lago Lanalhue aparece, también, como otra acertada decisión que se extrapola en el terminado final; ya no sólo por la casi obvia referencia a la búsqueda perpetua de lo natural como inspiración. La creación de atmósferas se hace atribuible y palpable (‘Lanalhue’) tanto en lo emotivo como en la estructura que se disfruta en el disco a la estancia del grupo en este paraje.

‘El Bosque’ y ‘Cazando Lagartijas’ son los dos temas que abren el disco y resultan el vestíbulo idóneo para presentar los conceptos y formas que Niño Cohete utilizó. Sin escatimar en detalles, resuelven con gran precisión lo minimalista que muchas veces se torna el folk-pop, agregando pinceladas que forman hondas capas sonoras y controlan la delicadeza de las canciones. Provocando un vaivén emocional y atmosférico muy rico, la guitarra eléctrica aparentemente a cargo de Matías Pereira, dota al segundo tema de una vuelta de tuerca que enaltece el resultado. Por otra parte, el contenido de las canciones que hacen alusión al juego infantil de cazar lagartijas será un tema recurrente en el resto del disco haciendo constante mención a la parte lúdica de la niñez como en ‘El Escondite’ por ejemplo, con las líneas: “un, dos, tres por mí. Y por todos mis compañeros…”.

Y será esa convivencia entre lo brutal de la naturaleza y la inocencia atribuida a la niñez, la que irá definiendo en mayor o menor medida la identidad del disco. Una en que aves multicolores se regodean, mientras las percusiones de Joaquín Cárcamo se lucen (‘La Muerte’) o bien se da pie para la distensión que provoca ‘Osos y Cazadores’ con ‘Puerto Tranquilo’.

Pero si de distensión se trata, ‘Lanalhue’ consigue un tipo de epicidad muy particular, ya que se disminuye a sí misma para bajar por el espectro sonoro hasta perpetrar con una profunda emocionalidad. Muy propia de Sigur Rós, Niño Cohete torna suya esta cualidad y la traduce a nuestros parajes con mucha facilidad.

Un ritmo acelerado en clave country se vendrá con ‘La Fábula’ , no sin renunciar a la humedad propia del LP. Le sigue ‘Monstruo’, una interesante pieza en que convergen matices de dream-folk con una lírica que se embarca de lleno en bosques poblados de seres ficticios y en que las letras van en absoluto resguardo del relato sonoro.

Será en los minutos finales del disco cuando nos encontremos con ‘En Las Trincheras’, una canción que parece extraída del repertorio de chinchineros adustos y que lleva la experimentación un poco más allá. El broche de oro llega con ‘Rengo’ y ciertos toques de tentativa electrónica que se dejarán sentir intermitentemente durante su metraje.

Es necesario entender que el entramado conceptual compuesto en “Aves De Chile” es muy compacto, de ahí que herede su fortaleza. Sin embargo, esto último afecta la versatilidad lírica, que se verá anclada en las temáticas antes expuestas (naturaleza y niñez). Contraponiéndose a una aventura sónica en que no se mide en matiz al momento de enriquecer una canción, hará que sumergirse en el mundo de Niño Cohete resulte muy sencillo de la mano de un debut muy enfático y en base al cual -presumiblemente- se irá construyendo una carrera que promete regalarnos tremendas canciones de folk salvaje.

Arctic Monkeys - AM (2013)



A lo largo de una carrera de mediana longitud, Arctic Monkeys ha sabido siempre como zafar de la reiteración, o mejor dicho del fastidioso autoplagio. Es esta misma característica la que siempre aumenta el hype que precede a un nuevo lanzamiento del grupo y que la mayoría del tiempo se ve recompensado con la entrega de un trabajo sólido por parte de los de Sheffield.

Sin embargo, este rasgo no asegura que la renovación o propuesta siempre salgan airosas de las expectativas al cien por ciento. Y no es que la proliferación de éstas sean atribuibles en su totalidad al grupo, pero algo de responsabilidad hay.

Bajo esa lógica, "AM" pretende una vez más dar la vuelta de tuerca a una sonoridad gravitante sin excederse ni caer en el formulismo propio de los tiempos que corren. Para ello pone énfasis en la intensidad, para que esta procure sonar lo más embriagante y lúcida posible. Los días en que temas como ‘Mardy Bum’ invadían de jovial ritmo las cuerdas de los ingleses dieron paso a canciones más acompasadas como ‘Cornerstone’, y ahora fueron reemplazadas por la potencia arenosa y sensual de tracks como 'Do I Wanna Know?'.

Y es que la composición del álbum se basará en tres grandes bloques: Primero, un aparente viaje nocturno en que se enfrascará la lírica. Fiestas, frustraciones amorosas, alcohol y demases con las imágenes que predominan en las letras de Turner en esta pasada, y que con mayor o menor éxito consiguen su objetivo.

Lo segundo es la omnipresente figura de Josh Homme, que a estas alturas parece haber cambiado para siempre –y para bien- la forma en que la música de los Arctic Monkeys se manifiesta. Las guitarras fuertes, sin acelerarse, y la predominancia de una atmósfera cargada de énfasis sensual y sexual hace patente esta afirmación que se materializa con la colaboración de éste en temas como ‘One For The Road’.

Tercero: la convivencia entre las influencias que se agolpan en la placa. No hay duda que al inicio del LP nos topamos con canciones densas y setenteras, que si bien se contienen, se dejan llevar y retrotraen al hardrock primal. Muy evidente la referencia en la magnífica ‘Arabella’ ("Arabella's got a '70s head, but she’s a modern lover" recita su letra), o en ‘La Piedra de Rosetta’ del álbum ‘R U Mine?’. 

No obstante en su trecho final la música negra (R&B) es la que se impone a gritos. Y es esta faceta la que -si bien- brinda diversidad, su dominio no es algo que la banda aún maneje del todo. Como en ‘Snap Out Of It’, por ejemplo, que es donde el desnivel se torna evidente. No malogra la placa, pero si la hace andar a tropezones en su final, y eso es algo que se debe tener presente.

Este conjunto de incursiones es lo que hace que "AM" vaya jalando y soltando en ímpetu mientras se va reproduciendo. Tenemos un inicio potente y cadencioso de parte de la triada de apertura que se va diluyendo en el stoner de ‘I Want It All’(que peca de plana, dicho sea de paso), y que abre un trecho exquisito en el que se encuentra la bellísima y sofisticada ‘N°1 Party Anthem’ o la inocente –sónicamente- ‘Mad Sounds’; una medianía que trae de vuelta las canciones de tiempos medios y las fantasías líricas a lo ‘Cornerstone’ para al final lanzarse a lo retro de ‘Fireside’ y finiquitar con R&B en ‘Knee Socks’ o ‘I Wanna Be Yours’.

"AM" es una muy buena continuación de una discografía impecable y que asume los riesgos propios de sus creadores. Saltando con éxitos muchas veces y fallando en otras. Sus aciertos resultan innegables, pero sus nudos también.

Aun así, las buenas canciones no faltan y mientras Alex Turner siga empecinado en seguir creando y delineando un camino en que las dobles lecturas, lo noctámbulo y lo urbano sigan conjugándose, parece habrá placas como esta para rato. Y, por si persisten las dudas, si las piezas sueltas que encontramos acá llegan acomodarse bien en una futura colección, lo más probable es que tengamos que aplaudir el riesgo otra vez. No obstante, haciéndonos cargo del presente, esto no da para satisfacer las expectativas, sólo sirve para crear más de cara a la continua evolución de una banda británica que parece no temerle a sus propias fronteras.